Cavilaciones |
la bitácora de Pierre Miró |
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17/07/06
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Nunca le tocó la lotería, ni la chochona de la tómbola de la feria y, por no tocarle, ni siquiera lo nombraron por sorteo para una mesa electoral, ni para miembro de jurado, ni para presidente rotatorio de la comunidad de vecinos. Y, sin embargo, sobrevivió al peligroso ejercicio de la conducción, recorriendo el equivalente a veinticuatro veces la vuelta al mundo, lo que no deja de ser como tener suerte en la lotería.
Por cierto, vivió convencido de que la suerte estaba asociada al destino de algunas personas y que otras tenían asignadas el rol de ser gafe. De ahí que gran parte de su vida la dedicara a la búsqueda simultánea de estas dos especies animales, bien fuera para arrimarse a ellas lo más posible (amante de los refranes, como expresión máxima de sabiduría popular, creía a pies juntillas el del árbol y el cobijo de la buena sombra) o para esquivarlas, como portadoras de males supremos. La búsqueda resultó estéril, a juzgar por los resultados, pero este individuo, al menos, tuvo un objetivo, una meta, un afán diario por el que luchar en su vida.
La existencia de aquel tipo, que Benjamín Prado identificaría como Juan Urbano y los organismos oficiales, como Juan Español, fue perfectamente prescindible, vista desde la distancia. Lógicamente, él no compartiría esta opinión y entra dentro de lo posible que, en lo más íntimo de su ser (según algunos conocidos, no dejaba traslucir fácilmente sus sentimientos), hubiera disfrutado algunos instantes de dichas y de gozos.
Antes de que su mujer lo abandonara, acudiría a lo largo de su vida a unos veinte o treinta eventos familiares: cinco o seis comuniones, diez bodas, cuatro bautizos y dos bodas de plata. A las despedidas de soltero y a las cuchipandas laborales, jamás se apuntó. A las primeras, por frívolas, y a las segundas por sentirse despreciado por sus compañeros.
Lo que se ha podido constatar es que fue odiado por unos (básicamente, a los que debía dinero), respetado por otros (los que esperaban inútilmente algo de él), amado por unos pocos (dos o tres, a lo sumo) e ignorado por la inmensa mayoría. Pasó por este mundo, como suele decirse, sin pena ni gloria. No hizo en su vida grandes proezas ni su muerte puede decirse que fuera notoriamente llamativa. Murió sin dar un ruido, en su cama, mientras dormía la siesta en una tarde de verano.
Dejó un sitio web abierto en internet que, hasta su muerte, era visitado por una media de dos personas al mes, según las estadísticas que incorporaba. No se llegaron a investigar las IP y, por tanto, se desconoce si alguno de esos escasos visitantes era él mismo. Sus deudos, bien porque fueran ignorantes o inhábiles con la cosa tecnológica, o sencillamente porque desconocían la existencia de la página cibernética, no cancelarían esta página hasta dos años más tarde de su óbito, cuando recibieron una notificación del servidor informático que la albergaba.
De forma inexplicable, aquella página, que se denominaba La búsqueda de la felicidad, se estuvo actualizando automática y periódicamente en los dos años post mortem con un artículo semanal que firmaba su creador. Las estadísticas de visitas en ese período, ofrecidas por la propia web, alcanzaron unas cifras sorprendentes. Se multiplicaron por cinco mil los internautas que entraron en La búsqueda de… Algunos sostuvieron durante algún tiempo que su autor tenía enviados textos a la Red para varios años, en previsión de que le ocurriera algo que le impidiera la actualización de su página, o, simplemente, para joder a sus enemigos. Otros aseguraron que, probablemente, lo que pasó es que alguien compartía con él su afición de internauta y que, en su memoria y ausencia, aprovechaba la poca o mucha audiencia que tuviera el medio para continuar con el hábito de la escritura.
Nunca se supo la verdad. La verdadera historia de Juan sin suerte todavía no se ha terminado de escribir y, por eso, ignoramos la parte auténtica y de impostura que tuvo. Es de suponer que nuestro protagonista, en su insignificancia, no se planteara llegar a tanto. Pero a un homónimo suyo, un tal Juan sin tierra, el google le da más de cinco millones de entradas. ¿Se puede aspirar a algo más en los tiempos que corren?
13/07/06
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epv diserta hoy sobre el asunto de los blogs. Básicamente, comparto su diagnóstico. Un asunto ocupa hoy mi comentario, que precisaría una reflexión algo más seria de los poderes públicos, que en muchas ocasiones ocupan su tiempo y su poder en hacer todo lo contrario de lo que interesaría al público que les mantiene en todos los sentidos.
Dos accidentes con un año de diferencia. El primero sucedió en Guadalajara, en un incendio en el que perdieron la vida 11 personas, trabajadores que apagaban el fuego. El partido gobernante en la región se ha dedicado durante un año a eludir su responsabilidad en el siniestro. El periódico que le da apoyo, ídem de ídem. La oposición, en todo este tiempo, se ha limitado a denunciar la imprevisión, la negligencia, la falta de medios y la responsabilidad de la administración regional. En el anverso de una página, impar, del periódico mencionado, se lee el siguiente titular-declaración del único superviviente: "Fue un accidente de la naturaleza, un fenómeno natural imposible de prever".
El segundo, ha ocurrido en el metro de Valencia. El partido gobernante en la región está eludiendo taxativamente su responsabilidad en el suceso. El periódico que presta apoyo a la oposición regional, todo lo contrario. La oposición denuncia una y otra vez la imprevisión, la negligencia, la falta de medios y la responsabilidad de la administración regional. El mismo periódico, en el reverso de la página, par, titula: "El gobierno valenciano rechaza toda responsabilidad en el accidente del metro".
En ambos casos, dos accidentes laborales más, puesto que han muerto muchos trabajadores, dos accidentes de los miles que acontecen al cabo del año, no pueden ser despachados echando la culpa a la mala suerte o a la fatalidad. En ambos casos, y en tantos otros accidentes de trabajo, hay responsables, por acción u omisión, por mala gestión o por ausencia de planificación. No es posible que en España tengan que producirse más accidentes que en el resto de Europa. Esto no lo da el clima, ni España puede ser diferente también en esto.
El comportamiento de los que mandan y los que se oponen, de la prensa afin y de la contraria es, sencillamente, vergonzoso. Esto es bueno si yo gobierno y malo si no lo hago, y viceversa.
Y mientras toda esa clase política y periodística se ensarza en polémicas estériles, que sólo interesan a sus hooligans, la responsabilidad siempre será del maestro armero, que es tanto como decir que verdes las han segado, y que aquí no se responsabiliza de nada ni el Tato.
Sólo queda esperar a no ser el próximo implicado en el enésimo accidente que, sin duda, acontecerá, tarde o temprano, porque siempre hay accidentes, por supuesto, casuales (no causales), fortuitos, azarosos, que pueden usar los unos contra los otros y los otros contra los unos. ¡Hay que joderse!
12/07/06
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Mi amigo es experto en movilidad laboral voluntaria. Afortunadamente, según él, trabaja en una actividad profesional que se lo permite y, aunque todos los puestos desempeñados tienen entre sí concomitancias, el hecho cierto es que a lo largo de su vida laboral ha cambiado de lugar de trabajo unas cuantas veces, habiendo salido a un promedio de dos años en cada puesto.
Esto, para algunos, nos puede parecer chocante, pero a mi amigo no sólo no le han asustado hasta ahora los cambios, sino que me ha confesado en varias ocasiones que, siempre que pudiéramos hacerlo los demás, nos los aconsejaría como un ejercicio de mantenerse en forma en unas cuantas facetas vitales.
Por ejemplo, él considera que un determinado trabajo puede llegar a ser desempeñado a pleno rendimiento durantes unos pocos años, al término de los cuales se llega a un nivel de conocimiento y dominio que se hace muy cuesta arriba estar innovando siempre en lo mismo. Y si no se innova, es peor. Todas las funciones son mejorables hasta un cierto grado y, a partir de ahí, se entra en una rutina que, para quien no sea muy partidario de las mismas, pueden convertirse en verdadero hartazgo y apatía profesional. Por tanto, según su razonamiento, es preferible invertir las capacidades profesionales que se posean en otro trabajo diferente del anterior, a fin de que la llegada de una visión externa y novedosa produzca cambios positivos en su desarrollo. Resumiendo, él trata de cambiar de aires un minuto antes de que pronuncie esa fatídica expresión de “esto ya no da más de sí”.
Naturalmente, todo cambio le ha comportado a mi amigo aprender actividades, funciones y tareas nuevas; conocer a jefes y compañeros nuevos; dejarse pelos en la gatera de afectos implícitos o explícitos del trabajo anterior; cambiar las costumbres de transporte; habituarse a un nuevo entorno y cultura laboral; habituarse, incluso, al nuevo entorno físico del trabajo en la ciudad, incluidos los baretos para desayunar y almorzar; ir engrosando la nómina de ex-compañeros y de amistades con las que cada vez más se hace más difícil mantener las viejas relaciones surgidas en el trabajo…
Todo ello, lógicamente, le ha producido a mi amigo sus correspondientes dosis de estrés. Sin embargo, este estresamiento, según él, es apetecible, soportable e, incluso, recomendable de buscar, porque es justamente el que lo ha mantenido despierto, el que le ha hecho enfrentar ciertos problemas con otras perspectivas, el que le ha engrasado y evitado la aparición del óxido nocivo y paralizador de sentimientos y capacidades, tan precisos para entablar nuevos conocimientos de personas y de responsabilidades.
Él argumenta que si en uno de los tres tercios (generalizando mucho, por supuesto) en que se divide el todo de la vida cotidiana, que generalmente es el que menos puede libremente elegirse, puedes optar por cambiar con frecuencia, no es preciso andarse planteando muchos cambios en los otros dos tercios, que pueden generar, a veces, unos peores resultados.
Mi amigo es muy raro, ya se lo digo yo a ustedes. Pero es decidido partidario del cambio y se le nota. Pero del cambio enriquecedor, motivador, del cambio para progresar y mejorar, para no anclarse en el inmovilismo, para ir avanzando y modificando actitudes, aptitudes y perspectivas, de modo paralelo a como se van produciendo los cambios en la sociedad, con sus avances y retrocesos, con sus luces y sombras.
Últimamente, anda rumiando un nuevo cambio. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones y, probablemente, porque todos vamos cumpliendo años (mientras podemos), veo a mi amigo menos propenso a los cambios y eso, quieras que no, se nota. Se lo tengo que decir un día de estos.
11/07/06
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Sea cierta o no la tesis, según la cual, uno de los mitos modernos sería la utilización de sólo una pequeña parte del cerebro, descartada, al parecer, gracias a las nuevas técnicas de exploración cerebral, pero alimentada por gentes que quieren sacar provecho de esa supuesta infrautilización para vender sus productos, lo que parece evidente es 1º) que el cerebro es un órgano tan complejo como fascinante, y 2º) que algunos, a juzgar por las gónadas que se enorgullecen de tener cuando dicen lo que dicen, parece que tienen el cerebro en el capullo.
Fuera de bromas. La cosa viene a cuento porque acabo de leer una información que habla de las conclusiones de un estudio que han realizado unos neurólogos, cómo no, de los EEUU, a propósito del coma profundo padecido durante 20 años por un individuo de Arkansas (hay que ver cuántas cosas sabemos de este Estado yankee: fue gobernado por Clinton, por él transcurre el Missisipi, tiene una capital que se llama Little Rock*, inspiró buena parte de las obras de Mark Twain, en él se produjeron tanto graves conflictos raciales como el nacimiento del potente movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos).
Más allá de lo que da de sí el caso, sobre todo para literatos diletantes, cineastas de telefilmes de sobremesa, y novelistas a la carta, me interesa subrayar el esquema de funcionamiento cerebral que explican los científicos.
Los neurólogos creen que el cerebro de Wallis se ha autorreparado: ha vuelto a conectar los pequeños nervios rotos en el accidente, produciéndose una restauración de la materia blanca. Dicen que el cerebro está formado por materia gris y materia blanca. La gris es la corteza cerebral o córtex, y se considera el disco duro. Por su parte, la materia blanca se considera el cableado del ordenador, que es el cerebro. Los cables son los axones de las neuronas que pueden alcanzar longitudes de hasta un metro.
Planteada la cuestión en estos términos, de discos, cables y colores (supongo que para que la gente entienda algo), la cosa sería bien simple. Se trataría de disponer de técnicos suficientemente formados en la materia para poder reparar un soporte físico más.
En definitiva, todo consistiría en poder contar con un grupo de expertos neurólogos e informáticos, que superaran un curso de formación profesional avanzado en “reparación del hardware cerebral”. Algo así como el supertécnico de las películas de suspense nuclear, negrito o informático, o las dos cosas a la vez, quien, tras mucho sudar y poner caritas, logra en el último segundo detener la madre de las deflagraciones del mundo mundial, cortando el cable correcto entre la maraña de cableado arcoirisiano.
Aquí lo que importa es el hardware. Del sotfware no hay que preocuparse. De eso se encarga la providencia y la santa madre iglesia (en el caso de los creyentes) o el azar y el entorno cultural (para los ateos).
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* Nicolás Guillén escribió un poema muy conocido y sobrecogedor titulado "Little Rock", escrito en 1958 contra el gobernador de Arkansas, quien se negó a permitir que los niños negros asistieran a las mismas escuelas que los blancos, a pesar de que se había promulgado una ley que promovía la integración racial en las escuelas. En el poema, Guillén utiliza el apellido del gobernador Faubus, quien en 1957 desatara la violenta represión contra los escolares negros que se acogieron a la ley, como si fuera un adjetivo. Aquí puede leerse, y escucharse en la voz del propio poeta, el poema completo, que termina así:
ahora viejos peludos y pelados,
ahora indios, mulatos, negros, zambos,
ahora pensad lo que sería
el mundo todo Sur,
el mundo todo sangre y todo látigo,
el mundo todo escuela de blancos para blancos,
el mundo todo Rock y todo Little,
el mundo todo yanqui, todo faubus...
10/07/06
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No he seguido la visita papal al feudo pepero. Pero si te asomas a la televisión, siquiera por unos momentos, es estrictamente inevitable sustraerse a que te pongan unas imágenes o escuches algún comentario zapeado. El sábado, en torno a las 9, seis cadenas de tv, seis (que se dice pronto), consideraban que lo más importante era verle la jeta al jefe de estado vaticano. Pues bien, la impresión que tengo es que la utilización partidaria eclesial/pepera (que tanto da) contra el gobierno legítimo español es manifiesta y, sobre todo, burda y chusca.
Resulta que el presidente decidió no acudir a la misa, supongo que en coherencia con lo que hace todos los domingos un no creyente, y esa cuestión ha sido objeto de todo tipo de comentarios de gentes, opinadores y hasta voceros vaticanos, que le reprochan su no asistencia.
Para una vez que un presidente de un estado laico se porta como debe ser, es decir, dejando las celebraciones y rituales estrictamente religiosos para los que creen en ellos y no forzando las cosas de forma absolutamente hipócrita, es vilipendiado, zaherido e ironizado por comentaristas de Telemadrid, del Canal 9, y de todos los medios de las derechas que tienen a mano.
Si la cuestión se limitara a celebraciones meramente religiosas, bueno, en fin, esto, nos limitaríamos los que no asistimos a quedarnos respestuosamente a las puertas, sin molestar, a fumarnos un cigarrito (o lo que sea), mientras ellos comulgan con personajes que dicen cosas tan razonables como esta: "Debemos estar siempre dispuestos a creer que lo blanco es negro, si así lo manda la jerarquía de la Santa Madre Iglesia" (San Ignacio de Loyola). Pero no. Quieren guerra, está claro. Y así lo manifiestan los Roucos, Navarro Valls, Martínez Camino y otros jerarcas purpurados con mando en plaza autonómica.
No se cortan un pelo. Y las izquierdas, y los no creyentes, a verlas venir. Después de que su líder carismático, para evitar ser llamado maricomplejines por su asesor áulico, haya dicho que el jefe de gobierno, elegido parlamentariamente con mayoría absoluta, no representa al Estado, sólo se espera que el espadón de turno, fiel interpretador de la Ley (divina, por supuesto), tenga sueños de grandeza en este caluroso julio y anhele devolver el poder a su legítimo detentador, que no es otro que el perdió las elecciones.
Empiezo a estar hasta el pelo de toda esta patulea mitad monje, mitad soldado.
7/07/06
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Aunque, como dicen en el Sipote , la intrascendencia sea la madre de la ciencia, sobre todo en el verano, en donde -dicen los egabrenses- “no se piensa, se retoza, no se crea, se siestea, y hagas lo que hagas será flor de un día, pues el sol, la playa y las sardinas se encargan del resto”, aquí todavía tenemos cuerda para algunas cavilaciones más. Que tampoco conviene atosigar al personal y hay que ir dando por finiquitada la temporada.
I
Pues bien, por mucho que el propio Andrés Montes, de piel marrón oscura tirando a negra, diga que un futbolista de “raza” negra salta al campo de juego, me niego a utilizar este vocablo y me pongo en guardia cuando oigo utilizarlo.
En mi escuela infantil, ciertamente, me enseñaron (supongo que los textos modernos habrán desterrado estos términos) que en el mundo había 5 razas 5: blanca, negra, amarilla, cobriza y malaya. En un país que había producido una película intitulada Raza , cuyo guión fue escrito por el dictador que a la sazón gobernaba por la gracia de Dios, no era extraño que se siguieran las enseñanzas de Blumenbach, antropólogo alemán del siglo XVIII.
Desde hace mucho tiempo en mi mente no tiene cabida, y por ende he proscrito de mi vocabulario, hablar de razas cuando se trata del género humano, porque, como bien cita Wikipedia, aunque, en sentido estricto, raza sea sinónimo de casta, origen, estirpe o etnia, en la especie humana la única raza es la humana.
No puede ser que los capitanes de las grandes selecciones del mundial futbolero lancen una proclama antiracista al comienzo de los partidos y los comentaristas televisivos nos hablen, a renglón seguido, de que lo que caracterice a determinado jugador sea su raza negra. Siempre igual: sólo se emplea el sustantivo cuando se trata de los negros.
No puede ser que andemos a estas alturas de la historia, distinguiendo, designando a las personas por la mayor o menor concentración de melatonina en sus tejidos dérmicos.
Bastante hemos tenido en el pasado con supuestas superioridades de la raza aria, como para andarnos todavía con las mismas materias. Como escribiera León Felipe, ¡Qué pena, / que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
II
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra / al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? De nuevo, el poeta acude presto a ilustrar el pensamiento y la denuncia. Otra vez los mismos farsantes, las mismas sectas intentan confundir al personal mezclando las churras con las merinas, las banderas con el palio, la religión con la nación una, grande y suya, la madre iglesia con la madre patria, los gobernantes con los impíos.
Otra vez, Rouco Varela, como ayer el cardenal Gomá, llama a rezar por la unidad de España, y el beaterío (ignoro cuánto y cuálos), que se traga lo que le echen los pastores de sus rebaños, que escucha la Cope y la Onda Cero, que lee el ABC y la Razón, que se manifiesta con y vota al PP, aplaude la boutade .
Y reciben al que viene de Roma, como si fuera a salvarles de la quema y les devuelva al poder máximo de la patria por la que piden rezar. Y ponen de vuelta y media al concejal agnóstico que no quiere gritar gora San Fermín, porque la tradición así lo exige. Y es que están crecidos. Pero alguna responsabilidad tienen los que potencian la exaltación del hecho religioso, los consistorios que programan hasta la extenuación festejos en honor de los patronos, la patronas y el copón bendito, los alcaldes ateos que se ponen al frente de procesiones con grandes escapularios en sus pecheras…
¡Qué pena!
5/07/06
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La dura realidad. Los conflictos interminables del próximo, medio y lejano oriente; las hambrunas inmisericordes del sur de todos los sures; los accidentes, la desidia, la burocracia inclemente y los servicios que no te sirven del norte de los sures; la explotación de los recursos humanos; la sobrexplotación de los recursos naturales no renovables; la subexplotación de los recursos renovables; las migraciones de los seres humanos, que vienen desde el origen de los tiempos y que son consecuencia de las desigualdades socioeconómicas y de derechos humanos, en busca de espacios de bienestar, de oportunidades, de libertad y de felicidad; los llamados desastres naturales que siempre acontecen en los mismos lugares, lo que hace que cada vez sea más natural que ocurra y menos naturales sus efectos… Las condiciones objetivas de la realidad no se van de veraneo.
A esta dura realidad no hay modas que la domeñen. En esta realidad, asfixiante para muchos, no hay estaciones climáticas, ni solsticios ni equinoccios, porque lo del eje terrestre y el movimiento alrededor del Sol, lo de las zonas frías y las templadas, lo de las noches cortas o largas no acontece para todos del mismo modo, aunque todos sobrevivan en la misma zona de la corteza terrestre. Es de rigor reconocer que el Sol no sale para todo el mundo igual, y que nunca llueve a gusto de todos, y que el azaroso comportamiento de la climatología no está ni medianamente repartido.
Aquí, en el norte, tan deseado para tantos sureños que vienen en pateras, cayucos, barcazas o barcos negreros, muchos querrían irse de veraneo, pero no tienen tampoco donde caerse vivos. A muchos les gustaría viajar por placer y no por necesidad. A muchas mujeres, por ejemplo, les gustaría no tener que estar atadas a sus afectos, cuidando mayores impedidos que les impide vivir siquiera lo más mínimo. Dicen que en los países nórdicos (los del norte del norte), no son las familias las que cubren determinadas necesidades y servicios, sino que es el Estado quien se ocupa de ellos, y que en los países meridionales (los del sur del norte) estas carencias son cubiertas precisamente por las redes familiares, que atienden lo que el Estado no les da.
Decididamente, la realidad no se va de veraneo.
4/07/06
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La primera represión lingüística que recuerdo nítidamente fue a los seis años. Mis primas malagueñas, con las que pasaba una temporada, no entendían la expresión arjonera que yo utilizaba para meter prisa a mi hermano. “Alivia, más rápido”. “¿Cómo que alivia? Será aligera”. Lo que son las cosas. A partir de entonces, dejé de utilizar este verbo que, aunque del todo procedente, tenía arrumbado.
En muchas ocasiones he comentado con los míos que una gran parte de las expresiones y términos que usábamos en el lenguaje de mi pueblo, contra lo que nos decían en otros ámbitos geográficos y pudiera parecer, eran perfectamente correctos, según los diccionarios académicos del español. Curiosamente, muchas personas, a fuerza de ser reprimidos por otros, que no entendían nada o empleaban otro vocabulario, interiorizaron durante años que hablaban mal. El estereotipo del dialecto andaluz ininteligible campaba por sus respetos. Al cabo del tiempo, sabemos que eran precisamente los otros quienes no utilizaban la expresión más fiel para identificar lo que se quería decir o, incluso, claramente, decían incorrecciones gramaticales.
Para quien no haya padecido estas circunstancias de la vida, el ejemplo más parecido es el que sucede con el español correctísimo que han importado los ecuatorianos y otros latinoamericanos. Emplean verbos, adjetivos y sustantivos que aquí habíamos desechado hace decenas de años, cuando no de siglos. Sin embargo, ellos probablemente también se verán mediatizados, constreñidos, porque acá no se les entiende. Y, desafortunadamente, caerán en lo que a mí me pasó con el “alivia”.
3/07/06
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I
¡Que no! ¡Que negociación, no! Que no se dan las condiciones. Que se están tocando un huevo mientras se les juzga. Que unos niñatos han rociado el coche de mi tío. Que siguen mandando cartas. Que siguen extorsionando. ¡Y legalización, ni hablar! Que son lo mismito, aunque lo juren por sus niños. ¡Vamos, que no!
II
Cristina López Schlichting, que junto a su compañero de cadena Jiménez Losantos, han obtenido el premio Ladrillo Rosa a los personajes que se han declarado más homófobos, reivindica su punto de vista porque “la heterosexualidad garantiza la continuidad de la especie y la homosexualidad, no”. Vamos, que follar para procrear y no para gossar.
III
El portavoz de los obispos defiende su derecho a opinar sobre todo lo que quieran: la política, la moral, la vida humana, la cultura, la sociedad, la educación, y, por supuesto, también sobre la unidad de España. "Todas las cosas de la vida del hombre son objeto de la teología. El magisterio de los obispos abarca a todas las cuestiones de fe y moral". Y citando a Tomás de Aquino, dice que "sus leyes deben cumplirse si son justas". Ya, y sólo serán justas si mantienen los privilegios fiscales, económicos y sociales al mayor partido político que hay en España, el que tiene más sedes, más militantes y más dirigentes, y al que financiamos todos los españolitos y españolitas, que semos personas humanas.
IV
Ya en mis tiempos de facultad, este tipo era estudiado como el paradigma de la concentración de medios y como la inversión en prensa de los grandes magnates de la industria y los negocios. Miren ustedes para qué sirve una invitación de boda a tiempo. Si quiere usted labrarse un porvenir, el propio o el de la familia, y tiene que casar al nene o a la nena, tenga un Murdoch cualquiera a mano. El futuro está garantizado.
V
En lo tocante a rimas reinvidicativas, hay gobernantes más fáciles que otros de ser rimados. Aznar, con una desidencia en ar, es más rimable que González e incluso que Felipe. Sin embargo, con sólo dos años de gobierno, Zapatero, con desinencia en -ero, va camino del record guinnes de los ripios de los manifestantes (de derechas, que son los que hasta ahora se han manifestado masivamente en su contra).
Aparte de que puedan atribuírsele algunos adjetivos elogiosos (que si carácter de acero, que si su fiel escudero, que si es un buen compañero y, sin duda, un caballero), lo más normal es dedicarle epítetos no precisamente cariñosos, como embustero, bandolero, fullero o majadero. Y siempre puede decirse de él que se le ve el plumero, o es que es un aventurero. Y no habrá quien quiera darle una patada en el trasero.
Alguna vez, nuestro amigo José Antonio Pérez, autor de un Manual del manifestante, tendría que añadir las rimas revindicativas de los años de la democracia. Y no precisamente para dar pistas a los eventuales manifestantes futuros, sino para que el personal vea precisamente de lo que hay que huir para tener buen gusto.
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