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16/07/06 |
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Cuando a una reivindicación que persigue restaurar una serie de derechos arrebatados a través de una clarísima injusticia, se le califica de "victimista", es que hay algo que no funciona. ¿Se atrevería alguien a adjudicar semejante calificativo a las víctimas del 11-M, a las de ETA, a las del 11-S, o a las de los atentados de Bombay? ¿A cualquier víctima, sea cual fuera el origen del desastre que provocó su daño?
Es lamentable que todavía haya personas que, por el mero hecho de no comulgar con las ideas de otros, no reconozcan el sufrimiento ajeno, e intenten menospreciarlo con calificativos que buscan su descrédito. Y lo más lamentable del caso es que estos calificativos vengan de sectores que han tenido setenta años para llorar a sus muertos.
Como dice José Antonio Martín Pallín , "las heridas de los vencedores tuvieron un largo y delicado tratamiento, debían de haber cicatrizado. (-) Los vencedores están mal acostumbrados a decidir lo que se puede y lo que no se puede hacer. (-) Sólo ellos pueden tener memoria y el monopolio de la verdad".
¿Y qué dirían los que se niegan a recuperar los cuerpos que quedaron en las cunetas y junto a las tapias de los cementerios, si su abuelo o su padre estuvieran entre ellos; qué dirían si les hubieran confiscado sus bienes; si los que nunca han pedido perdón, les pidieran ahora el olvido? Pero la memoria no se puede amordazar, ni siquiera con calificativos que pretenden silenciarla. Lo quieran algunos o no, hay más víctimas que las que ellos reconocen. Víctimas, sí, con todo el dolor, y con todo el derecho.
9/07/06 |
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Entre los trabajadores de Radio Televisión Española corre el rumor de que, para solucionar los problemas económicos que ahogan al Ente desde prácticamente su creación, se está planteando forzar la prejubilación de todos los trabajadores que tengan más de 52 años.
Precisamente, el mes pasado yo cumplí esa edad, y no puedo imaginarme cómo me sentiría si alguien me obligara a dejar de hacer aquello que me anima a levantarme todos los días. Comprendo que puede sonar un poco extraño, y no diría lo mismo si no me gustara mi trabajo, pero estoy completamente segura de que muchas personas sentirían lo mismo que yo: una terrible sensación de que les están prohibiendo ejercer uno de sus derechos más fundamentales.
Desde luego, es sólo un rumor (aunque toma cuerpo a pasos agigantados) y hay que admitir que muchos trabajadores darían lo que fuera por encontrarse con una prejubilación a los 52 años (yo también, si pudiera seguir escribiendo), pero parece preocupante que a ese término, al que todos solemos añadir signos de admiración, se le anteponga el calificativo de “forzosa”.
En mi vida personal no suelo hacer caso de los rumores, de la misma manera que no suelo contestar a las personas que no hablan de frente, prefiero ignorar a unos y a otras, pero conozco el uso de los rumores para sondear a la opinión pública. Por eso, por si sirve de algo la mía, quisiera recordarle a los que tienen en sus manos el futuro de miles de trabajadores, que, como diría el tango, 52 años no es nada, y lo que puede ser una auténtica lotería, también puede convertirse en una condena.
2/07/06 |
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Esa debería ser la consigna que nos hubiera unido a todos el Día Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales. Debería unirnos siempre, pero, lamentablemente, todavía hace falta que se conmemoren días como éstos, para reclamar los derechos de una parte de la población que los ha visto cercenados durante siglos. Debería ser el grito de todos, pero no lo es, y no lo será hasta que la sociedad no asuma que las diferencias no son una amenaza, sino una fuente de enriquecimiento. Hasta que la sociedad no se libere de los miedos que la impulsan a rechazar a los que no se ajustan al modelo, a ése que le da la espalda a una parte de sí misma, intentando ocultar una realidad que clama desesperadamente por su espacio.
Es verdad que, desde el punto de vista legal, se han dado pasos de gigante, pero también es verdad que todavía hay quien echa a sus hijos de sus casas, todavía hay acoso laboral y agresiones homófobas. Incluso hay quien tiene que esconderse de su familia para casarse. Y lo que es peor, todavía hay quien se oculta también de sí mismo negándose a admitir su condición, contagiado por el miedo de los otros.
Pero el miedo no debería ser nunca una bandera, y mucho menos, la razón de la parálisis. El miedo debería impulsarnos hacia el conocimiento. Saber más, entender mejor, buscar razones, o sinrazones, escuchar, acercarse, hablar, y ser capaces de disfrutar de ese arco iris bajo el que cabemos todos. Buscar ese espacio de respeto dentro de las casas, del trabajo, de las calles. Y encontrarlo. Y reclamarlo.
25/06/06 |
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El otro día, escribía Javier Martín en El País que se ha demostrado que el fútbol ayuda a que la gente tienda menos a la introspección y a la desesperación. Según el artículo de Javier Martín, algunos psiquiatras sostienen que los mundiales son buenos para la salud, y que la participación del ciudadano en un interés común, y el consiguiente aumento del orgullo nacionalista, contribuyen al incremento del equilibrio mental de la ciudadanía. Deben de tener razón estos expertos porque, ante un partido de la selección nacional, todos se unen para apoyar al equipo, sin contemplar nacionalidades históricas, realidades nacionales, o naciones de naciones. ¿Qué tendrá el fútbol?
Más de nueve millones de personas siguieron el partido de España-Ucrania por la televisión, y eso sin contar los que lo hicieron desde lugares públicos. El de España-Túnez batió varios record de audiencia, con casi doce millones de telespectadores.
He visto a personas que jamás han acudido a un estadio (y que cambian de canal cuando aparece el césped rallado en su televisor) asomarse a la terraza para gritar un ¡Gooool!, que se convierte en eco ensordecedor coreado por otras voces que, seguramente, tampoco han pisado nunca una grada. Es fascinante la mimetización de la hinchada (la de siempre y la eventual). Hombres y mujeres de toda clase y condición, hablando en primera persona del plural como si ellos mismos tuvieran que bajar al campo de juego. "Si nos centramos en el ataque, y conseguimos meter un gol en los primeros minutos...".
Perdonen mi insistencia, pero ¿qué tendrá el fútbol?
18/06/06 |
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¿Qué tendrá? Porque seguro que algo tiene, cuando desata el fervor de esta manera. Cuando los goles no son goles, sino medallas sobre el pecho de todos los que los hacen suyos. Qué tendrá, para que despierte estas pasiones. Para que el equipo se convierta en buque insignia, en distintivo, en orgullo gregario, o en una cuesta arriba. Qué tendrá, que últimamente se impone sobre cualquier otra cosa, y vacía las calles y las carreteras, y llena los estadios, y los bares, y los espacios informativos de todos los medios de comunicación. Aunque sigan las pateras y los cayucos, y los muertos en Irak, y en Guantánamo, y en Gaza, en Sri Lanka, en El Congo, y en todas las guerras olvidadas, porque han dejado de ser noticia, o porque no hay reporteros que se desplacen hasta ellas.
Algo tendrá, a pesar de los violentos, que se escudan en la hinchada para dar rienda suelta a una agresividad a la que resulta difícil encontrar explicaciones (o quizá no); a pesar de las excusas para tener de qué hablar las mañanas de los lunes, e incluso de los martes, o de cualquier otro día de la semana; a pesar de los contratos millonarios, y de las desigualdades que provocan entre los jugadores, incluso del mismo equipo.
Nunca he entendido por qué, haciendo el mismo trabajo, unos trabajadores cobran más que otros. Yo me quejaba de que esto suele pasarle a las mujeres, por el mero hecho de serlo. Pero estaba equivocada, también en el deporte es así, y sobre todo en éste. ¿Qué tendrá, para que parezca lo más normal del mundo? ¿Qué tendrá? Aunque está claro que algo tendrá.
11/06/06 |
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¿Qué tendrá el fútbol, que es capaz de paralizar un país, y movilizar tanto dinero que hasta debería darnos vergüenza hacer el cálculo? ¿Qué tendrá, para que nuestra selección nacional, si vuelve de Alemania con la copa del mundo, se traiga 540.000 euros por jugador? ¿Qué tendrá, para que esta cifra haya podido plantearse siquiera? ¿Qué tendrá?
Si cada uno de los trabajadores de este país, que hiciera bien su trabajo, volviera a casa con semejante fortuna, ¿en qué locura se habría convertido nuestra economía?, ¿en qué locura nos estaríamos instalando?, es más, ¿no nos hemos instalado ya, si un equipo de fútbol, además de su sueldo, que seguro que ya es millonario, puede obtener una prima de estas proporciones? ¿Cuántos equipos pequeños podrían financiarse sólo con una décima parte? ¿Cuántos colegios? ¿Cuántos centros sanitarios? Muchos pensarán que se trata de una prima con trampa, ya que la selección no pasará de cuartos de final. Pero incluso como trampa me sigue pareciendo descabellada.
Como me parece un desatino que, alrededor de este acontecimiento, se haya desarrollado un mercado del sexo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Y, si es verdad, más desatino aún, que ninguno de los integrantes de nuestra selección, con su entrenador a la cabeza, haya sido capaz de manifestar su repulsa. 40.000 mujeres, muchas de ellas engañadas por las mafias, con la promesa de un puesto de camarera o limpiadora, ejercerán la prostitución en hipermercados del sexo .
¿Y los futbolistas se quedan callados? ¿No deberían defender su deporte? ¿Qué tendrá?
4/06/06 |
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El mal de muchos nunca ha sido un buen consuelo, a menos que se convierta en referencia para la esperanza, o quiera significar apoyo o solidaridad o, sencillamente, el ofrecimiento de un hombro donde apoyar la angustia.
El miércoles pasado, Francisco Rodríguez nos sorprendía, supongo que a muchos, hablándonos de su "maldito cáncer", en su columna Textamentos . El escritor no quería "atrincherar sus miedos bajo el burka de la discreción" ni "dar consideración de íntimo (y por lo tanto sagrado)" a esta enfermedad de la que tantos tenemos que dolernos.
Mi primera intención fue enviarle un correo electrónico, pero decidí que yo también huiría de esa intimidad en la que él no ha querido refugiarse. Curiosamente, cuando leí su columna, me disponía a escribir sobre otra enfermedad, el sida, que muchos ocultan por miedo a la discriminación y al estigma. Susang Sontag analizó magistralmente, en La enfermedad y sus metáforas, los prejuicios y las fobias que suelen acompañar a ambas dolencias. Sin embargo, afortunadamente para los enfermos de cáncer, las cosas están cambiando, porque se cura, al menos el que tiene Francisco Rodríguez, en una proporción elevadísima de casos.
Mi yerno salía de un linfoma de Hodking en la misma época en que me contaron, en secreto, que un conocido se había contagiado del VIH. ¿Cuánto dolor añade el silencio? Ya sé que el mal de muchos no es consuelo, pero seguro que a Francisco le sobran ahora referencias sobre personas curadas de su "maldito cáncer", e inyecciones de ánimo, y hombros donde buscar apoyo. Aquí tiene también el mío.
21/05/06 |
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El artículo 20 de la Constitución reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito, o cualquier otro medio de reproducción, y garantiza el ejercicio de estos derechos frente a cualquier tipo de censura previa. Como límites, reconoce especialmente el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
George Orwell decía que la libertad no es otra cosa que el derecho a decir a los demás lo que no quieren oír. Yo diría que la definición de Orwell, más que a la libertad, se ajusta a la provocación, y que en muchos sectores de nuestra sociedad se están confundiendo estos dos conceptos, a veces premeditadamente, como en el caso de algunos políticos, en busca de la crispación y del desgaste del oponente, y otras, como en determinadas revistas y programas de televisión, bajo el disfraz de un interés público, que demanda informaciones teñidas de irascibilidad y sensacionalismo.
No estoy en contra de la Prensa rosa, ni de los debates parlamentarios donde se defienden ideas con vehemencia. No. No es eso. La pasión es la pasión, y la defenderé siempre, a menos que invada los límites que contempla nuestra Constitución. Pero rechazo la manipulación en la que se basan estas estrategias. Rechazo la lágrima y el escándalo, la pantomima y la tergiversación, la mentira y la búsqueda del descrédito. Y la provocación. Porque la libertad no es decirle al otro lo que no quiere oír, sino poder decirle lo que se quiere decir.
28/05/06 |
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¿Hasta cuándo tendrán que gritar las mujeres maltratadas, para que la sociedad se conciencie de que no se puede permanecer en silencio? ¿Hasta dónde tendrán que lanzar sus gritos, para que todos y cada uno de los ciudadanos de este país tome partido, y se implique activamente en el rechazo de este despropósito? ¿Hasta cuándo?
Cada vez que la prensa se hace eco de una víctima mortal (y este año ya se cuentan 36) nos llevamos las manos a la cabeza, y rechazamos indignados el comportamiento del maltratador. Pero ¿dónde están nuestras voces cuando el abuso se está produciendo en la casa de al lado?, ¿qué hacemos cuando escuchamos los gritos a través de la pared?, ¿cuándo conocemos la sentencia firme de un compañero de trabajo, que prueba las agresiones contra su exmujer y contra sus hijos, y lo vemos coqueteando con otra, y saliendo con ella, y casándose, y esperando un bebé, y vuelta a empezar?
¿A qué se debe este pudor, que nos obliga a callarnos delante del hombre que es capaz de anular a su compañera, como esposa, como mujer, y como persona?
La sociedad exige a la mujer maltratada lo que ella misma no es capaz de hacer, le pide que hable, que denuncie, que huya de una situación que sólo puede terminar en el daño. ¿Y qué hacemos los demás? ¿Cómo evitamos que el daño alcance esa cota donde ya no existe la vuelta atrás? ¿De dónde ha salido esa estupidez de que las cosas de la pareja las tiene que arreglar la pareja? ¿Acaso nos callaríamos si viéramos a un terrorista poniendo la bomba? ¿Acaso el crimen no se comete contra todos? ¿No deberíamos gritar?
14/05/06 |
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¿Por qué será que a determinados sectores de la derecha les dan tanto terror las voces del pasado? ¿A qué viene tanto empeño en acallar una parte de la historia? En estos días, en que se celebra el aniversario de la República, algunos se revuelven en sus mentes, cuando otros intentan reparar las injusticias que se vertieron contra nuestra memoria. Y siempre son los mismos. ¿Por qué será? Como dice Miguel Veyrat, en un poema que acaba de censurarle el Instituto de las Regiones de Europa (IRE), “¿quién me puso centinelas en las nubes?”
El poeta valenciano, del que habría que destacar su larga trayectoria en defensa de las libertades, y su hondo sentir republicano, ha visto de cerca esos centinelas. Y, curiosamente, llegan de un sector de la derecha: la Presidencia austriaca del Consejo de la Unión Europea, representada por el IRE.
En el Día de Europa, el IRE impulsó un proyecto que podría haber sido un acicate para el diálogo de todos los europeos, el Café d’Europe, donde 27 autores, de distintas nacionalidades, leerían sus contribuciones literarias en distintas capitales, para fortalecer la idea de Europa. Pero la torpeza se presenta a veces de la mano de la intransigencia y del fundamentalismo, y Miguel Veyrat no pudo leer su poema. ¿Quizá porque levanta determinadas voces del pasado? ¿O será que no entendieron sus versos?: “España mira de nuevo a la larga vomitona de su historia / Más si uno en cada uno –y los que vengan de fuera / Penetramos despacito por la lengua en cada otro / el único misterio será de qué modo estar ya juntos / calentitos al sol de las conciencias / ¿Amor se llama a esto?”
7/05/06 |
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El mundo de los libros. Tan magnético, tan embaucador, tan sugerente, tan desbordante y tan desbordado. Un mundo donde los sueños se confunden con la necesidad de volar tras ellos, y con el deseo de alcanzarlos. Un mundo donde la realidad y la ficción se buscan y se huyen, se encuentran, se reconocen, se mezclan, se atraen y se repelen. Un mundo sin fronteras, donde los únicos límites posibles los ha de marcar uno mismo, lector o escritor, en las páginas donde viven las historias.
Una mirada.
Una forma de mirar.
Un vértigo.
Y una búsqueda, que nos permite interpretar la vida desde otro lado, desde ese espacio donde duermen los deseos, que sólo pueden despertar cuando se enredan en un punto de locura. Una búsqueda que nos conduce a ese otro lugar, donde encontramos las respuestas que la razón nos niega.
Un camino de ida y vuelta. Un encuentro. Un cruce de miradas. Un punto final que espera, paciente, hasta que cada cual termine de recorrer las páginas que otros empezaron. Hasta que cada cual interprete la historia, y la termine, y la complete, y la transforme, con su propia mirada.
El mundo de los libros. La Feria. Los lectores. El ciclo que se cierra. Cuando se hace patente que el libro ha dejado de pertenecer al autor, para convertirse en una historia vivida íntimamente por el otro, por cada uno de los otros. De lo universal a lo particular, de lo particular a lo universal.
El libro. La magia.
23/04/06 |
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Durante más de dos años, el cuerpo sin vida de Joyce Vicent permaneció en el suelo de su apartamento londinense. Nadie la había echado de menos. Tenía 40 años, y la encontraron junto a una bolsa de la compra y regalos navideños. ¿Se puede estar más solo? La televisión y la calefacción permanecían encendidas. Tenía trabajo, hermanas, y una ayuda del Ayuntamiento para pagar el piso que le proporcionó una asociación de mujeres contra la violencia doméstica.
No me impresiona tanto el hecho de que fuera una mujer joven, ni que los vecinos no se alarmaran por el olor que desprendía el apartamento, ni que sus hermanas o sus compañeros de trabajo no se hubieran preguntado, en más de dos años, por qué no daba señales de vida. Lo que más me impresiona de la muerte de Joyce Vicent es que la encontraran rodeada de regalos de Navidad. Con la televisión encendida, la casa caliente, y los regalos envueltos en papel especial. Eso es lo que más me impresiona: los regalos. Porque cada uno de esos regalos tenía un destinatario que no se dio cuenta de que no lo había recibido, peor aún, un destinatario al que ni siquiera le importó no recibirlo, porque nunca supuso que pudiera existir. Y sin embargo, ella había pensado en cada uno de ellos. Probablemente, ella había imaginado sus ojos en el momento de abrirlos. Probablemente, cada uno de esos regalos guardaba una intención, un deseo de ver un destello en aquellos ojos. Pero nadie los abrió. Ni los echó de menos. Ni terminó la Navidad sin poder entregarle su propio regalo. Ni supo que ella había muerto, sola, rodeada de ilusiones envueltas en papel especial.
16/04/06 |
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“Sí se puede”, coreaban miles de manifestantes en Washington, vestidos con camisetas blancas. “Sí se puede”, mientras se dirigían hacia el Capitolio, donde se debatía el plan de reforma migratoria que pretende que más de once millones de trabajadores “sin papeles” puedan acceder a la ciudadanía estadounidense. “Sí se puede”, después de que el Comité Judicial del Senado aprobara el proyecto que, además, contempla un programa para trabajadores temporales.
Once millones de trabajadores. Once millones de voces. Once millones de familias que defienden que sí se puede conquistar los derechos de un colectivo que trabaja, que vive y que sueña en Estados Unidos, aunque no hayan nacido allí. Once millones de personas representadas por esa marea blanca que se dirigía hacia el Capitolio con un sueño en las manos. Como soñó un día Martín Luther King, con cuyo movimiento se compara ahora a este grito unánime, que debería extender a otras partes del mundo. “Sí se puede”.
Esta voz latina, que no busca más que regularizar una situación laboral que ya viven de hecho, sueña con la dignidad, con la justicia, y con la igualdad con respecto a otros trabajadores.
Todavía, hasta que se apruebe definitivamente la ley, sigue vigente el proyecto que aprobó la Cámara Baja en diciembre, donde se criminaliza a los indocumentados y a quienes les asistan. Pero ellos pagan impuestos; ellos forman parte del entramado social de las ciudades de acogida; ellos alquilan viviendas, se casan, tienen hijos, van a las escuelas, enferman, ahorran... Eso sí pueden hacerlo.
9/04/06 |
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No voy a escribir sobre Marbella, no caeré en la tentación. Prefiero hablar de Ayuntamientos honestos, de hombres y mujeres que persiguen el bien común, y el propio lo obtienen como los demás ciudadanos honrados: con el fruto de su trabajo. Prefiero hablar de personas que también roban, pero horas de su tiempo libre o de su vida familiar. Conozco políticos que trabajan en una fábrica, una oficina o un taller y, además, luchan para que sus vecinos duerman tranquilos, tengan hospitales, colegios, funcione el alcantarillado, o puedan pedir un libro en una biblioteca. Hay otros que abandonan su profesión para dedicarse, en cuerpo y alma, a buscar esas cosas que mejoran la vida. Unos y otros merecen, no sólo todo mi respeto, sino toda mi admiración. Trabajar para los demás puede ser muy ingrato, cuando no se busca el provecho propio, ni el reconocimiento, ni el estrellato; cuando a veces se obtiene como única recompensa, el desprestigio que determinados sectores intentan verter sobre ellos; cuando la vida privada no existe, y las horas del día no son suficientes para solucionar problemas de los que los vecinos no llegarán ni a enterarse.
El caso Marbella lo juzgarán los jueces. Ellos valorarán cómo restituye cada implicado el mal que haya hecho. Para mí, lo peor de todo es que este grupo de desaprensivos, y los que gobiernan en otras marbellas a los que la justicia también debería pedir cuentas, contaminen el prestigio de toda una clase política. Porque no es verdad esa frase que se escucha estos días. Todos los políticos no son iguales.
2/04/06 |
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“Que mi nombre no se borre en la historia” escribió Julita Conesa en la última carta que le dirigió a su madre, poco antes de que la fusilaran, el 5 de Agosto de 1939, contra la tapia del Cementerio de la Almudena de Madrid. Tenía 19 años, era cobradora de tranvía, y su delito fue pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas. Una de las “Trece Rosas”.
Aquel deseo de Julita Conesa se convirtió en grito y en bandera, para muchos historiadores, investigadores y novelistas, comprometidos con la memoria y con la justicia histórica. Gracias a ellos, el nombre de Julita, junto con el de los otros jóvenes (algunos menores de edad, como ella) asesinados aquel 5 de Agosto, permanecerá para siempre impreso en los libros, formando parte de la historia.
Hace dos años, aquel deseo convertido en bandera se hizo también ciudadano. Y, enarbolado por la Asociación de Mayores Ecologistas de Ciudad Lineal, con Natalia Joga (78 años) y Agustina Luengo (67) a la cabeza, recorrió las calles del barrio al que pertenecen la tapia y el cementerio. “Que mi nombre no se borre en la historia”. Lo gritaron hasta que se oyeron sus voces entre los vecinos, entre las instituciones, y entre sus representantes. Lo gritaron hasta conseguir 3.200 firmas. Hasta que el Pleno del Ayuntamiento se sumara, por unanimidad, al deseo de Julita Conesa. Hasta conseguir que su nombre no se borre tampoco de la vida cotidiana: al otro lado de la tapia donde perdieron la vida, la ciudad de Madrid nos regalará el placer y el orgullo de pasear por la Calle de las Trece Rosas.
26/03/06 |
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Todas las víctimas son iguales. Todas son producto de la barbarie o de la sinrazón. Todas. Sea cual sea su ideología, su religión, o su nacionalidad, sea cual sea la causa por la que forman parte de ese colectivo. El terrorismo, las guerras, los desastres naturales, los accidentes... El dolor es siempre idéntico. La muerte no distingue, la muerte iguala las heridas, y la ausencia, y el duelo. Y no hay reparación posible, nadie puede hacer que desaparezca el llanto, ni la añoranza, ni los brazos vacíos. Hasta que el desconsuelo deja paso a la memoria, y la memoria, a la dignidad, que les devuelve a cada una su nombre.
Todas las víctimas lo son porque han sufrido un daño injusto, o excesivo, o fortuito. Todas tienen derecho a que se les reconozca como tales. Por eso me extraña que determinadas personas defiendan la memoria de unas, pero no de otras. Por eso me extraña que algunos pretendan echar tierra sobre el esfuerzo de los que quieren recuperar a las suyas. Poder llorarlas sobre una lápida con nombre y apellidos. Por eso me duele que todavía sean necesarias las Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica, como los Jóvenes de la Comarca del Jerte, que estos días celebran su Congreso, o La Gavilla Verde, de Santa Cruz de Molla, que lo hará a primeros de Octubre. Y por eso confío en que estos jóvenes, a los que no mueve otro deseo que el de una reparación histórica, consigan devolver la dignidad a aquellos a los que se la han negado durante más de sesenta años, para que, efectivamente, todas las víctimas sean iguales.
19/03/06 |
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He visto los ojos de Maribel Permuy, la madre de José Couso , y los de María , su sobrina recién nacida. He visto la sorpresa en la mirada de la madre y en la de los hermanos de José, y la inocencia en la del bebé que ha llegado para devolverles la vida. He visto la incomprensión de Maribel Permuy ante las últimas noticias aparecidas en los medios: Un juez considera la muerte de su hijo como un “error de guerra”. Incomprensión, decepción, y tristeza, por una resolución que parece avalar las mentiras en las que se cimenta, como todos los cimientos de esa barbaridad, uno de los episodios más detestables de la guerra de Irak.
Ella lo llamaba Joseiño, y nunca habla del día en que murió, sino del día en que lo mataron. Un crimen de guerra que algunos pretenden disfrazar de error, a pesar de los testimonios de muchos de sus protagonistas, a pesar de las declaraciones y de los desmentidos, de la información y de la desinformación que ha caracterizado la investigación de este vergonzoso suceso. El crimen contra José Couso forma parte de la memoria colectiva, y seguirá siendo así para aquellos que no se conforman con los tapujos y con las caras lavadas. Murió a manos del ejército norteamericano. Y eso no es un error. Lo mataron cuando hacía su trabajo. Y eso tampoco es un error. Lo separaron de su madre, de sus hermanos, de sus hijos, y de todos los sobrinos que ya no conocerá. Y eso, por mucho que se empeñen los que intentan silenciar la verdad, no es un error. No. No es un error.
12/03/06 |
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El bosque de los Ausentes: Dice Pilar Manjón que hay ataúdes que cuando se cierran, llevan dentro dos corazones. Ayer hizo dos años que el suyo se quedó en la caja donde enterraban a su hijo. De la misma manera, otras 190 cajas se llevaban el corazón de la hermana, del novio, de la hija, del hermano, del marido, de la mujer...
Dos años, y la ausencia sigue reclamando el llanto. Y las lágrimas siguen pidiendo razones donde justificarse, razones con nombre propio, 191 razones que calmen las heridas, 191 heridas, 191 noches en vela, y días, y más noches, y más días, y más lágrimas.
Dos años ya, y todavía no hay cicatrices, sino escozor, latido, y desconcierto. Y dolor, mucho dolor, más, si eso es posible, que el de aquel 11 de Marzo de hace una vida entera, o sólo de ayer, porque el tiempo no pasa cuando el corazón se ha quedado mudo, al lado de otro corazón.
Dos años ya, y pasarán otros, de dos en dos, de cuatro en cuatro, de cien en cien.
Pero su memoria seguirá siempre ahí, intacta, levantándose, creciendo en la copa de los árboles que gritan un número exacto. 191 árboles. Y un bosque, con nombre de poema, donde otros corazones intentan comprender la sinrazón y el sinsentido.
Dice Pilar Manjón que ahora muchos la llaman la señora de negro , y yo le digo desde esta página, a ella y al resto de los que se quedaron huérfanos el 11 de Marzo, que todo Madrid sigue vistiendo de luto, y que nuestros corazones, como los de tantos que lamentan el horror, también se quedaron con los suyos.
5/03/06 |
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No sé si son leyes justas/o leyes equivocadas;/sabemos quienes estamos en la cárcel/que el muro es muy poderoso,/y que cada jornada es como un año/de interminables días. Oscar Wilde nunca supo que se convertiría en representante oficial del tiempo que le tocó en suerte. Fue perseguido y encarcelado a causa de su homosexualidad, y murió prácticamente en la indigencia, olvidado de la sociedad que le había encumbrado.
El poeta irlandés se convirtió en referente de la lucha contra ese muro, que intentan derribar los que no se ajustan a la norma. Un muro de intolerancia y de intransigencia, que se levanta alrededor de los que asumen el riesgo de alzar la voz, y defender su identidad, a costa de la marginación y del desprecio de los que consideran que la verdad es absoluta, y sólo les pertenece a ellos.
Hace más de cien años que murió Oscar Wilde , y el muro de su Balada en la cárcel de Reading continúa ahí, sorprendentemente intacto en alguno de sus tramos. Sorprendentemente activo, tanto, que muchos homosexuales todavía tienen que esconderse, incluso en los países donde aquellas leyes, de las que se lamentaba el poeta, amparan los derechos de los que antes eran conducidos hasta la cárcel, o hasta la muerte.
Pero yo confío en el hombre, en su raciocinio, en su capacidad para ver los grises que se interponen entre el blanco y el negro, en su defensa de la libertad y del respeto de las ideas. Confío, sí, aunque a veces parezca imposible que algunos muros se derrumben.
26/02/06 |
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En el Diccionario de ideas afines , de Fernando Corripio , el término maricón se equipara al de pederasta, sodomita, e invertido; y el de homosexual, al de pervertido, vicioso, depravado, anormal, corrompido, y degenerado, entre otras lindezas. María Moliner , en su Diccionario de uso del español , también asocia el término homosexual al de pederasta, puto y sodomita. Ninguno de los dos diccionarios tiene carácter oficial, como el de la Real Academia de la Lengua Española, que tiene valor normativo para todo el mundo de habla española, y que también asocia el término maricón al de sodomita, incluyendo en sodomía el siguiente paréntesis sobre su origen: De Sodoma, antigua ciudad Palestina, donde se practicaba todo género de actos deshonestos.
Probablemente, ni Corripio, ni Moliner, ni la Real Academia, pretendieron ofender a un colectivo tan importante de nuestra sociedad, adjudicando semejantes acepciones a conceptos relacionados con su orientación sexual. Probablemente, tamaño disparate no debe de ser otra cosa que una nefasta herencia de un pasado pacato e hipócrita. Por eso, desde estas líneas, solicito a los responsables de la actualización de dichos diccionarios, que le devuelvan la dignidad a los términos que tan injustamente han tratado. Porque los homosexuales no son pederastas, ni degenerados, ni sodomitas, sino hombres y mujeres a los que se les debería reconocer, de una vez por todas, sus derechos más elementales, incluso en los diccionarios.
19/02/06 |
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El Artículo 1.º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros . Federico Mayor Zaragoza apela a esta responsabilidad fraternal para buscar soluciones a la crisis de las caricaturas de Mahoma, y propone un esfuerzo para el diálogo y la conciliación, para la alianza y no el enfrentamiento, identificando lo que nos une y valorando lo que nos separa. Aprender a vivir juntos, todos diferentes, pero unidos por los mismos principios. Seguro que algo parecido pensaba Ang Lee cuando dirigía su película Brokeback Mountain, y nos regaló ese tratamiento poético que, desgraciadamente, han de vivir muchos seres humanos: la represión de sus sentimientos.
Para nuestra vergüenza, todavía existen países donde se castiga la homosexualidad con la cárcel y la pena de muerte. Pero la violación de los derechos humanos de los gays y lesbianas no sólo se produce con la prisión, también cuando un adolescente debe callar su condición sexual, o someterse a la burla de sus compañeros; cuando tiene que escuchar los chistes sobre mariquitas, maricones o sarasas, que tanto desprecio anidan; cuando ha de enfrentarse al horror de salir del armario porque, de lo contrario, su estabilidad emocional se haría añicos. Cuando comprueba que los seres humanos no siempre utilizan la razón y la conciencia para comportarse fraternalmente los unos con los otros .
12/02/06 |
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Según la Federación de Mujeres Progresistas, cada quince segundos, una mujer es maltratada. ¿Cómo actuaría la sociedad si cada quince segundos se robara un banco o estallara una bomba? Conozco maltratadores que acuden a sus trabajos como si nunca hubieran roto un plato, es más conozco compañeros suyos que se niegan a señalarles con el dedo, amparándose en el falso pudor de que los conflictos matrimoniales no deben traspasar las paredes del dormitorio conyugal.
Es verdad que el gobierno de Zapatero está muy sensibilizado con el problema, y que de esa preocupación nació la Ley Integral contra la Violencia de Género (juzgados especializados; centros de rehabilitación integral; mejoras de ayuda a las víctimas...). También es verdad que e l Parlamento Europeo aprobó, por 545 votos a favor y 13 en contra (me gustaría saber de quiénes y por qué), la solicitud de tolerancia cero respecto a todas las formas de violencia contra las mujeres .
El uno de enero de 2006 empezó la cuenta con dos mujeres muertas, y sólo fue el principio de una cifra que aumenta cada semana.
Es la sociedad la que tiene que concienciarse del problema. No habremos avanzado nada mientras se acepte que los maltratadores son enfermos o locos, que los hombres son de naturaleza violenta, o que la adicción al alcohol o a las drogas es la causa fundamental del maltrato. Mientras no seamos capaces de hablar en voz alta, y decir nombres y apellidos sin que la que tenga que avergonzarse sea la víctima, la tolerancia cero no será más que dos palabras vacías que sólo utilizan las instituciones.
5/02/06 |
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¿Es posible la rehabilitación de un maltratador? Los expertos opinan que, para ello, el maltratador tiene que admitir previamente su condición. Y ahí radica el mayor problema: no lo admite. Es más, en muchos casos, acusan a sus víctimas del crimen que ellas padecen. Todos sabemos que la mejor defensa es el ataque, pero ¿hasta dónde puede llegar tamaña esquizofrenia? ¿Hasta cuándo tendremos que asumir que la mujer que denuncia a su pareja se coloca una diana en el pecho?
En la presentación en Madrid de la III Mesa de Hombres contra la Violencia de Géner o, Francisco Muñoz Ramírez decía que “antes se las mataba porque “eres mía”, y ahora, porque no lo son”. El consejero de Cultura, en representación de Rodríguez Ibarra, acudió a la convocatoria de la Asociación Mujeres que Ayudan, de Navalmoral de la Mata, para compartir un alegato con los extremeños y extremeñas de la Federación de Asociaciones Extremeñas en la Comunidad de Madrid : hombres y mujeres “de bien”, que manifestaban su repulsa hacia esta lacra social.
En el salón de actos del Ateneo, bajo la mirada de los retratos de sus fundadores, con Alcalá Galiano a la cabeza, los componentes de la III Mesa de hombres contra la Violencia de Género estamparon su firma y su compromiso en el libro de la citada asociación de mujeres de Navalmoral. ¿Será posible que la confianza provenga de estos hombres que afirman “somos el problema, pero también la solución”? ¿Será posible que, algún día, podamos confiar en los hombres que son realmente el problema, y que estén dispuestos a ponerle solución?
29/01/06 |
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Hay versos que se quedan grabados para siempre, a Luciano Feria le debo uno de los más sobrecogedores que he leído nunca: No me dobles la muerte Dios mío (De la Otra Ribera , 2004), y a Félix Grande , uno de los más definitivos: Comprométete o calla, ven o vete (Las Rubáiyátas de Horacio Martín, 1978). También hay imágenes que se quedan. Las que protagonizó Evo Morales , jurando como presidente de Bolivia con el puño en alto, y recibiendo la bendición de los sacerdotes indígenas, en la ceremonia de bendición por el rito aimara, merecerían un hueco en nuestra memoria. El nuevo presidente del país andino no se hizo esperar: se comprometió, no calló, y acudió allí donde sus electores querían verlo, al lado de su pueblo indígena.
Decía Baudelaire que no hay entre los hombres más que el poeta, el sacerdote y el soldado. El hombre que canta, el hombre que bendice, y el hombre que sacrifica y se sacrifica. Después de las imágenes de estos días, al presidente boliviano se le podría identificar con los tres: con el poeta, que canta los sueños de libertad y prosperidad de los marginados, humillados y despreciados ; con el sacerdote, que se dirige a la multitud de indígenas concentrada en las ruinas de Tiahuanaco llamándoles hermanos ; y con el soldado, que quiere acabar con 500 años de injusticia y de colonialismo.
Ojalá que este hombre, que ha despertado los sueños de muchos otros que antes no se atrevían siquiera a levantar la mirada, no les obligue a decir lo que el poeta extremeño escribió con tanto desgarro: No me dobles la muerte Dios mío.
22/01/06 |
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A la presidenta electa de Chile, Michelle Bachelet , le preguntó un periodista, nada más ganar las elecciones, si no iba a sentirse muy sola sin un hombre que la apoyara en sus tareas de estado. Ella le respondió que le hiciera la misma pregunta al próximo ganador si era un hombre. Yo le hubiera contestado lo mismo, y añadiría que tampoco me sentiría sola sin un hombre que me apoyara en mis tareas domésticas. Estoy segura de que este periodista mirará con lupa las actuaciones de la señora Bachelet , y que para ganarse su confianza, la presidenta deberá superar con creces las expectativas que habría puesto si el ganador fuera de sexo masculino.
Resulta descorazonador que el hecho más noticioso de estas elecciones sea que las haya ganado una mujer, y más descorazonador todavía que existan periodistas que se atrevan a formular semejantes preguntas. Yo le recomendaría los versos de Pablo Neruda ( Ah viajero/no es niebla/ni silencio/ni muerte,/lo que viaja contigo,/sino tú mismo con tus muchas vidas ) en los que su compatriota compone una Oda al camino y alaba al caminante que emprende solo su viaje . Pero, claro, el citado periodista leería los versos de Neruda con la convicción de que sólo podrían estar dirigidos a un viajero masculino. Pero lo peor de todo es que estos prejuicios se repiten en la sociedad constantemente. Hasta que se deje de llamar solteronas a las mujeres, y solteros de oro a los hombres, que no viven en pareja, no tendremos una sociedad igualitaria, donde el sexo deje de ser un obstáculo en la vida profesional de las mujeres.
15/01/06 |
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No estoy segura de dónde he oído la frase prefiero el No de los diplomáticos al Sí de las mujeres , pero creo que encierra mucho más peligro del que, a simple vista, pueda parecer. Supongo que el autor de tamaño disparate sólo quería decir que los diplomáticos negocian, y que las mujeres cambian de opinión, y que lo dijo más como halago de las cualidades femeninas, que como alusión al carácter voluble de todo un género. Pero, la verdad, no imagino a nadie que defienda la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, asumiendo dichos postulados.
No creo exagerar si digo que ésta y otras sentencias de parecido calado, tejen una tela de araña alrededor de muchas mujeres, que terminan siendo víctimas de la famosa “la mujer con la pata quebrada y en casa” y de otras aberraciones que abundan en el refranero español (véase por ejemplo, “la mujer y la mentira, nacieron el mismo día”, “palabra de mujer no vale un alfiler”, “febrero y las mujeres tienen en un día diez pareceres”).
Tampoco exagero si digo que el lenguaje transforma la realidad, y que algunos hombres todavía utilizan este tipo de expresiones para intentar doblegar la voluntad de sus mujeres, amparándose, entre otras cosas, en el pretendido carácter variable del sexo al que consideran débil (otro tópico nacido del deseo de que así fuera).
La mentira no es patrimonio de nadie, tampoco el derecho a cambiar de opinión, pero cuando una mujer quiere decir SÍ, dice SÍ, y cuando quiere decir NO, lo dice, y lo repite, y lo grita. Y a muchas de ellas, desgraciadamente, les ha costado la vida.
8/01/06 |
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Todavía hay quien llama poetisas a las mujeres poetas. Yo conozco a algunas que han levantado su voz reiteradamente contra esa expresión, que parece dejar en un segundo plano el trabajo intelectual de muchas mujeres que, como muchos hombres, son capaces de transmitir y de arrancar emociones a través de sus palabras, y de sus silencios.
Hoy en día, en que las abogados son abogadas, las arquitectos, arquitectas (en contra de los deseos de algunas de ellas), y las jueces, juezas (a pesar de lo innecesario de “feminizar” lo neutro), resulta irritante encontrarse con una palabra que diferencia a los hombres de las mujeres utilizando una especie de diminutivo, para un término que, por su desinencia, bien podría ser entendido como femenino en sí mismo.
Ya sé que lo que importa es el concepto, y que tanto vale la Y como la X para representar el significado de las cosas, pero no creo en la inocencia de las palabras, y mucho menos en estos tiempos, en que los eufemismos triunfan en el mundo de lo políticamente correcto. Yo prefiero llegar a vieja, y no a la tercera edad; prefiero saber que los subsaharianos que saltan las vallas en Ceuta y Melilla, huyendo de una tierra que no puede amamantar a sus hijos, son negros, con la misma dignidad y la misma falta de exactitud que nosotros somos blancos, pero que será nuestra la responsabilidad si su color les impide el acceso a una vida digna; prefiero pensar que es ciego, el que no puede ver, y cojo, el que no puede andar. Y, puestos a preferir, preferiría que la mujer que escribe versos fuera poeta, y olvidarme de la poetisa hasta que se deslizara, poco a poco, lo más lejos posible de mí.
Afortunadamente, como dijo Rosa Regás cuando desveló el nombre del ganador del XXV Premio Felipe Trigo, los que no estamos de acuerdo con la mayoría, podemos ejercer nuestro derecho a disentir, y que nuestra voz se oiga, igual que las que se alzaron –eso sí, democráticamente- para defender que una poetisa se llevara el premio.
18/12/05 |
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En su obra de teatro, El privilegio de ser perro , Juan Diego Botto desconfía de aquellos que esconden su conservadurismo tras el “más vale pájaro en mano, que ciento volando”, y rechaza la tesis de que “el diez está tan lejos del infinito como el dos”. El autor y director argentino se pregunta si no será mejor arriesgarse a conseguir unos cuantos pájaros, de ese centenar, antes que ensimismarse en la contemplación del que tenemos asegurado. Y tiene razón. A veces renunciamos a perseguir el infinito porque nos sentimos tan lejos de él habiendo caminado diez pasos, como dos. Sin embargo, el infinito está ahí, para que sigamos acercándonos, no importa el tiempo que tardemos en llegar. Como diría Konstantino Kavafis , cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca/debes rogar que tu camino sea largo .
Los que nacimos en una época en la que hablar en voz alta podría suponer que te cerraran la boca para siempre, sabemos muy bien cuántas cosas nos esperaban en el camino. Por eso me extraña el empeño de algunos políticos en desandar lo andado, en crear desconfianza en las instituciones y en las personas que las representan, y en jugar a poner en entredicho la capacidad de los que ganaron, democráticamente, unas elecciones que parecen escocerles todavía. No comprendo muy bien qué persiguen ellos, intentando alimentar el descrédito y la confusión. A veces pienso que es simple pataleo, porque no es así como se ganan elecciones, sino con la credibilidad de los programas y con la fiabilidad de los que los defienden. Otras veces me pregunto si este juego no les llevará a perder, a ellos mismos, esa confianza que pretenden arrebatar a sus oponentes políticos. Nos encontraríamos entonces en la paradoja de que no sólo no han conseguido atrapar algunas aves de las ciento volando, sino que han destruido la que conservaban en las manos. En ese caso, todos saldríamos perdiendo, y quizás el infinito se alejaría diez pasos más.
11/12/05 |
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Decía Aristóteles que mentir es decir lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar. También recomendaba que, en la ficción, es preferible lo imposible verosímil, a lo posible increíble. Últimamente, el filósofo griego me viene con frecuencia a la memoria, sobre todo, cuando veo cómo algunos políticos inventan verdaderos juegos malabares, para dar verosimilitud a muchas afirmaciones que deberían entrar de lleno en el campo de la ficción, y no en el del debate parlamentario. No les basta con decir Diego, donde antes dijeron digo, no, su juego consiste también en construir mentiras verosímiles, y en envolverlas en esa apariencia de verdad que se consigue a base de repetir, y repetir, y repetir, y repetir, utilizando viejas artes que, hoy en día y después de lo que, lamentablemente, nos ha enseñado la historia, no deberían dar resultado. Porque la política es un arte, sí, o al menos debería de serlo, y, como todo arte, debería proceder de un pensamiento creativo , donde, como decía Rilke, viven mil noches de amor olvidadas . Rescatar esas mil noches de amor debería ser el reto. Devolver a los ciudadanos el gusto por el enfrentamiento inteligente, el deseo de las palabras que construyen, el interés por los argumentos basados en razones, las ganas de volver a participar, la fuerza de los debates donde se miden únicamente las ideas. La confianza.
Sin embargo, para muchos políticos, la política se está convirtiendo en el arte de mentir, de decir lo contrario, no sólo de lo que se piensa , sino de lo que se sabe con toda certeza, y la intención va mucho más allá del engaño, la intención es convertir en verdad lo verosímil, y en verosímil la ficción en la que se basa su discurso.
Es una lástima que algunos de esos políticos vivan después la ironía de defender en las calles, antes que en el Parlamento, la enseñanza obligatoria de una religión para la que la mentira es un pecado, pero ésa es otra harina y otro costal.
4/12/05 |
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A veces me he preguntado dónde reside el valor de un poema: ¿en la metáfora en la que el poeta expresa una idea? ¿o en la idea misma? Irremediablemente, la pregunta me lleva siempre al poema de Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro, donde el poeta vasco afirma que la poesía no es un bello producto, no es un fruto perfecto. Y es que el auténtico valor de la poesía no debería buscarse en su forma, ni siquiera en su fondo, no se trata de valorar el cómo se dice, ni el qué se dice en un poema, toda la poesía es válida, incluso aquella que espera en los cajones de un escritorio a que la rescaten del olvido. El verdadero valor de un poema habría que buscarlo en el origen desde el que se expresan los sentimientos, y la poesía sólo puede construirse desde la sinceridad, desde el respeto, y desde las emociones. El alma de la poesía no está en el qué ni en el cómo, está en el dónde.
Así lo comprendí la semana pasada, en la presentación del libro de Juan María Calles, La tripulación del Estrella, cuando el ministro Jordi Sevilla resaltó el buen hacer del poeta extremeño, no sólo en el mundo de la literatura, sino en el de la política, porque en ambos territorios el impulso que mueve a Juan María Calles es el de la sinceridad.
Y es que la política también debería ser un arma cargada de futuro, no un arma arrojadiza contra el adversario, sino un arma política, donde no quepa el insulto, la descalificación, ni la inquina. La política debería tomar prestada de la poesía esa esencia de la autenticidad que la define, esa fuerza acumulada a través de las razones y de los sentidos, del arte de defender las ideas con pasión y con argumentos, no con maniobras para desprestigiar al contrario, no con la violencia de los que no tienen otro recurso, no con la mentira, sino con el convencimiento del que sabe que las armas políticas sí están cargadas de futuro.
Artículos publicados en El Periódico de Extremadura