Entre regalos propios y ajenos, en la canícula me he zampado ya los siguientes libros, libritos y libracos. Un texto clásico: Salomé, de Oscar Wilde. Un compendio de curiosidad decimonónica: Arte de distinguir a los cursis, Francisco Silvela. A falta de un buen reportaje periodístico sobre la realidad de los centros de acogida de inmigrantes y refugiados, una excelente narración de un escritor belga que pone los pelos de punta y que no está exenta de buena escritura, ironía, humor y provocación: Hotel Problemski, Dimitri Verhulst. Una buena novela de una francesa de éxito nacional e internacional: El consuelo, Anna Gavalda. Un acercamiento singular y lúcido a la realidad de la sociedad norteamericana: Pastoral americana, Philip Roth. To be continued.
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Lecturas veraniegas
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