Las convenciones dicen que el año que ahora comienza es bisiesto. Los supersticiosos no le suelen augurar mucha suerte (año bisiesto, año siniestro). La incultura lleva aparejada esos temores atávicos, obviamente, sin fundamento. Hasta hoy no he sabido el origen de la palabra bisiesto (bis-sexto). Es lo que tiene ponerte a escribir y navegar entre las aguas del lenguaje, que descubres cosillas que, sin ser el nuevo mundo, te dan pequeñísimas satisfacciones. ¡Con qué poquito nos conformamos algunos!
Este primer día de mes y del año que, se quiera o no, marcará el devenir de la ciudadanía de este país en un cuatrienio (algunos escépticos abstencionistas niegan la influencia de los resultados electorales en las vidas de las personas, por aquello de igualar a todos, pero lo cierto es que en mayor o menor medida sus efectos haberlos haylos), me gustaría comenzar con la referencia a una pintura.

Estuve hace unas semanas viendo en el Prado el extraordinario lienzo del fusilamiento de Torrijos. Conocía su historia, pero la visión del cuadro (en mi opinión, genial), en todas sus proporciones, gestos, colores, detalles y matices, me impactó profundamente. Un alegato contra el absolutismo y a favor de la libertad es una buena forma de iniciar un año de conmemoraciones, en las que me temo que, por los mismos de siempre, se manipularán acontecimientos históricos y se acudirá a manifestaciones patrioteras esperpénticas y de tres al cuarto.
En la época conocida como la década ominosa, un grupo de liberales que defendían las libertades de su pueblo fueron fusilados en las playas de Málaga por las tropas del nefasto Borbón que reinaba a la sazón. Otro liberal, Sagasta, encargó esta obra al pintor Gisbert, que supo captar todo el simbolismo, dramatismo y fuerza del acontecimiento histórico.
Ahora, cuando a cualquier cosa se le llama histórico (desde marcar el gol número mil, al primer polvo de la hija de la Preysler), algunos hechos del pasado -nunca se insistirá lo suficiente- merecen ser evocados por cada generación para conocer de dónde venimos y, sobre todo, con quién nos jugamos los cuartos.



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