Antiguamente, los navegantes que perdían la estrella polar perdían la orientación, pues la estrella del norte les guiaba en su rumbo. De ahí vendría la expresión perder el norte, que no es otra cosa que comportarse de manera desordenada, errática o, también, perder el sentido de la orientación o de la realidad.
Desnortados es la impresión que dan algunos cuando dicen lo que dicen o hacen lo que hacen. Pero nada más lejos de la realidad, en mi opinión. Se trata de impresiones, sólo de impresiones perfectamente buscadas, que no obedecen a calentones dialécticos. Dos ejemplos antagónicos, pero ilustrativos: Aznar y Chávez.
El primero pareciera que va a lo suyo, que lo tiene claro. Erre que erre, sin importarle el daño que presumiblente hace a la estrategia de su partido. Al menos, eso es lo que dicen muchos comentaristas críticos con su actitud. Pero, a mi modo de ver, se trata de mantener firme y constantemente su criterio, es decir, la opinión de un sector de su partido (ignoro el peso específico que pueda tener) por encima de otras que él considera tibias o pusilánimes, como suelen decir. Luego de desnortado, nada.
Al segundo le pierden las formas, totalmente, aunque supongo que sus fieles estarán ufanos con el “dales caña”. En todo caso, salgo y saldré en defensa de algunas políticas del gobierno venezolano, que suponen una apropiación moderada de los recursos y una cierta redistribución (¡ojo!, pequeña) en favor de los más desprotegidos de la sociedad. ¡Cómo no! Salgo y saldré en defensa de la actitud digna y un punto altanera frente a los estados poderosos del norte. Pero, en política, las formas también son importantes. Estoy seguro de que las simpatías hacia el presidente venezolano serían mucho mayores en todo lugar si no fuera un bocazas, si no se le fuera la fuerza por la boca y si hablara menos e hiciera más. Me temo que puede salirle el tiro por la culata, porque la opinión pública mundial no se crea ni se destruye alegremente, sino que simplemente se transforma a golpe de propaganda y manipulación y, de eso, los medios de comunicación, las grandes agencias de prensa y cadenas televisivas, las corporaciones multimedia, saben la torta. No sé si ha llegado a perder totalmente el norte, pero al menos parece que está obsesionado con él.



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