Orgullo y razón


Uno nace donde lo han parido. Tautología que demuestra la escasa incidencia que tiene en el parto la voluntad del neonato. Según Rajoy, el día 12 había que demostrar, como él, el orgullo de ser español. Echemos un vistazo al diccionario, fuente de sabiduría, para averiguar lo que dice del término: “arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”.

Bien, ya tenemos gresca. ¿frente a quién hay que demostrar orgullo? ¿hay que demostrar orgullo por haber nacido en el primer mundo, al que aspiran una parte de los parias de la Tierra? ¿No será cuestión de que por el mero hecho del azar tenemos la fortuna de no padecer, hoy, privaciones, penalidades y pandemias como las que han de sufrir, por ejemplo, otros seres humanos unos cientos de kilómetros más debajo de nuestras fronteras? ¿De qué leches hay que estar orgulloso?

Uno puede comprender que alguien se sintiese orgulloso del esfuerzo que han hecho sus conciudadanos por haber conseguido esto o lo otro; o de que el trabajo colectivo hubiere logrado llegar a una u otra cima; o de que la dedicación y el sacrificio de unos hombres y mujeres hubiera permitido alcanzar cotas dificultosas… Incluso se puede mostrar legítimo orgullo porque tu país lidere el concierto de las naciones en la búsqueda de la paz, en la lucha contra las causas del cambio climático, en el empeño en la erradicación del hambre en el mundo o en la inversión en tecnología e investigación para terminar con las enfermedades letales de los países pobres.

Pero, ¿de ser español por el hecho de haber nacido en España? ¿Un hombre puede sentirse orgulloso de ser hombre, con la de tropelías que hacen tantos otros de su mismo sexo en cualquier parte? ¿Una persona puede sentirse orgullosa de ser alta, o baja, o guapa, o fea, cuando esas cualidades no son más que un accidente genético? ¿Alguien podría sentirse orgulloso de ser terrícola? Pues, lo mismo, exactamente igual es ser español. O sea, el sitio donde la madre te parió y la autoridad administrativa te expidió un carnet de identidad. Todo lo demás son pamplinas, ganas de tocar las narices y carnaza para los estúpidos (necios, faltos de inteligencia).

Por cierto, oigo decir en Telemadrid: “En este día de la hispanidad, o de la raza, como quiera decir cada cuál”. ¿Cómo de la raza? ¿de qué raza? Ahora, ya voy comprendiendo el mensaje subliminal de los pepeístas. Orgullo y razón, titulaba yo. Razón: raza en superlativo o raza de los que la tienen muy, pero que muy grande.

Los comentarios están cerrados.