Está claro que el horno no está para bollos. Y que los planes que, como decía ayer, no explica el Gobierno se están ventilando en las altas esferas de la macroeconomía. Como también comentaba en mi artículo del lunes, quienes entendemos más bien poco o nada de economía estamos desorientados. Sabemos que algo está ocurriendo pero no sabemos qué. Observamos que los actores y actrices se cruzan lenguajes subliminales, crípticos, pero no alcanzamos a descifrar sus códigos. Vemos moverse sombras en las bambalinas de las finanzas, pero no logramos definir sus contornos para identificar a sus dueños. Nos causa desasosiego, por inhabitual, que se realicen tour operators para visitar periódicos de alto standing, como si en ellos residiera la alta comandancia de la guerra financiera. Nos estrujamos las meninges tratando de entender, sin caer en la paranoia, que el que antes de ayer era un incondicional camarada, por unas palabras más altas que otras se haya convertido en un traidor vendido a la pérfida Albión. Leemos, intrigados, la crónica -que se supone filtrada- de las dos últimas semanas por un periodista de confianza del entorno gubernamental y que ésta, lejos de tranquilizar, te ponga los pelos más de punta si cabe.
Todo esto se aprecia desde el gallinero de los no entendidos. Desde la barrera del siete, la de los entendidos, las cosas parecen más claras, pero desde lejos sólo se llegan a percibir los ecos de su dramatismo. Las claves del toreo que se están marcando con el euro, con los pigs, los hedge funds, los lobos bursátiles y la banca internacional, se me escapan por completo. Escucho un ruido atronador, pero no sé por dónde nos van a venir las hostias. Y cuándo nos las den, no sabemos quién será su autor. Habrá que acudir entonces, como siempre, a que alguien nos explique lo que sucedió. Hoy por hoy, nos toca acudir a los economistas de confianza de siempre. Uno de ellos, Juan José Torres, se marca un artículo para nota (Responder a la extorsión) y su corolario resulta inquietante:
El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas, incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician a estos grupos.
En una situación tan delicada como la actual, sería necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.



Lo último comentado