Iteuves


Y te las ves y te las deseas desde que atraviesas el peaje de la caseta de la entrada hasta que sales con el certificado de buena conducta y la pegatina bajo el brazo. Empieza la función. Buscas en la guantera y le das al empleado lo primero que sale de la carpetilla donde guardas los papeles. Te piden el cartón blanco y la tarjeta verde, o al revés, que no me acuerdo bien. Pagas religiosamente, o en plan ateo si es tu deseo, pero apoquinas por el sofocón que pasarás los próximos diez minutos.

Enfilas la puerta que está libre, después de chuparte la cola correspondiente, y allá que te está esperando un empleado, bien plantado, con su mono y cuestionario en la mano, en el que va a ir apuntando todo lo que se le antoje del artefacto ese que llevas al volante. Seguro que nada bueno, te dices a ti mismo entre dientes. Eso sí, todo el proceso obedece con rigor matemático a un protocolo normalizado, con todos los sellos de calidad imaginables, off course.

Después de enchufarte una manguera por detrás, para hacerte una ecografía a partir del tubo de escape, comienza el juego de luces. Y, claro, alucinas, como si fueran fuegos artificiales. A ver, intermitente izquierdo, derecho, trasero, delantero. Er, aro. Luces de freno, de marcha atrás, de posición, de cruce. Er, aro. Y tú, que como digo, estás alucinando, pero en colores, ya no sabes a cuál atender.  A la velocidad que te lo piden ya no sabes dónde está cada una. Y te confundes. Y te espetan: le he dicho que la luz de freno, SEÑOR. Así, con retintín. Y luego, para más recochineo, te piden que des los faros antinieblas. Esos que no has encendido jamás y que no sabes dónde leches están y cómo carajo se conectan. Y hay nada menos que dos. Válgame maria santísima de la salud, que me va a dar un soponcio.

¡Vale!, adelante usted unos metros y sitúese encima de esos rodillos. ¡VAAAAALE, QUE SE PASA! Echas el freno y tiras un poco para atrás, que te has pasado de la raya. Frene. ¡PERO MÁS FUERTE! Allá que pisas el freno con tanta fuerza que, un poco más, y sacas el pie por el capó. Y ahora, al foso. Recto al precipicio. Ahora, señor (sigue con el retintín), me voy a situar debajo del coche, esté atento a mis instrucciones. Y tú, que llegas atronado del tráfico y con la radio a tope sintonizando a Sabina, escuchas más bien poco, si bien crees oír un rumor a lo lejos, una voz desde la ultratumba que te grita: mueva el volante. Y obedeces y giras el volante de un lado a otro, pero con cuidado, no vaya a ser que escachifolles el coche, que ya no está para muchos trotes. ¡PERO, SEÑOR, MUÉVALO CON FUERZA! Insistes en moverlo, hasta que ves que el muchacho de la iteuve esa, sale del foso, viene hacia ti, y por la ventanilla mete la mano, mueve el volante como si le fuera la vida en ello y te suelta, con el tercer retintín de la tarde: ¡ASÍ, ASÍ ES COMO HAY QUE MOVERLO!

Tierra, trágame. Ahora, seguro que ha puesto en la libretilla esa que lleva en la mano, que soy un negao, un inútil y que me van a echar para atrás. Seguro. Que no voy a pasar la iteuve de los cojones. Te vas a la cola de espera hasta que toca tu turno. Llaman a uno, a dos, a nueve, a diez. Y a ti que no te llaman. Eso es, me juego lo que sea, a que no la voy a pasar. Piensas. Están llamando al final a los que tenemos que volver. Sigues pensando. Pero en ese momento, escuchas tu nombre. Allá que vas. Nada. No era para tanto. Todo bien, un numerito, y hasta el año que viene. La mare de deu. Qué satisfacción después del mal trago. Qué suspiro de alivio.

Le pones la pegatina al coche y sales ufanamente de la cámara de tortura. ¿De dónde vienes? Te muerdes la lengua para no echar pestes por la boca. De la iteuve esa, dices, con cara compungida.

  1. #1 by paquita on 30/Diciembre/2009 - 11:30

    … después de chuparte la cola… y allá que te está esperando un empleado, bien plantado… todo lo que se le antoje del artefacto ese que llevas… Después de enchufarte una manguera por detrás… alucinas, como si fueran fuegos artificiales… estás alucinando, pero en colores, ya no sabes… A la velocidad que te lo piden ya no sabes dónde está cada una. Y te confundes. Y te espetan: le he dicho que la…
    Así, con “rintintín”… te piden que des… Esos que no has… jamás y que no sabes dónde leches están y cómo carajo se… Y hay nada menos que dos. Válgame maria santísima de la salud, que me va a dar un soponcio.

    ¡Vale!, adelante usted unos… y sitúese encima de… ¡VAAAAALE, QUE SE PASA! Echas el freno y tiras un poco para atrás, que te has pasado de la raya. Frene. ¡PERO MÁS FUERTE! Allá que… con tanta fuerza que, un poco más, y sacas el… Y ahora, Recto al precipicio. Ahora, señor (sigue con el retintín), me voy a situar debajo de… esté atento a mis instrucciones. Y tú, que… escuchas más bien poco, si bien crees oír un rumor a lo lejos, una voz desde la ultratumba que te grita: mueva el… Y obedeces y giras… de un lado a otro, pero con cuidado, no vaya a ser que escachifolles el… que ya no está para muchos trotes. ¡PERO, SEÑOR, MUÉVALO CON FUERZA! Insistes en moverlo, hasta que ves que el muchacho de la esa… viene hacia ti, y … mete la mano, mueve… como si le fuera la vida en ello y te suelta, con el tercer retintín de la tarde: ¡ASÍ, ASÍ ES COMO HAY QUE MOVERLO!… seguro… que soy un negao, un inútil… Seguro. Que no voy a pasar… los cojones. Te vas a la cola… hasta que toca tu turno. Llaman a uno, a dos, a nueve, a diez. Y a ti que no te llaman. Eso es, me juego lo que sea, a que no la voy a pasar. Piensas… escuchas tu nombre. Allá que vas. Nada. No era para tanto. Todo bien… Qué satisfacción después del mal trago. Qué suspiro de alivio.

    BIS… Sin comentarios

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