Decían en la facultad que podían existir tantos estilos periodísticos como periodistas hay. En la práctica, no es para tanto. Si hablar de uno mismo siempre resulta difícil para todo bicho viviente, para los periodistas que lo cuentan no es que sea difícil es que es facilísimo caer en la pedantería. Alambicar la sintaxis para decir lo que llanamente puede decirse suele caer fatal al lector.
Hay algunos periodistas –caballeros y damas- expertos en retorcer el idioma para soltarse un speech epatante. Seguro que quien me lee está pensando en alguno. Y los hay que se empecinan en vendernos continuamente humo. Si uno coloca en su curriculum una frase como la siguiente: “mi perfil es fundamentalmente el de comunicador en asuntos europeos”, lo normal es que se exponga a que lo tachen de engolado, afectado o cargante. Y si, además, escribe esto: “Quiero decir que conozco los asuntos europeos en profundidad y mi experiencia televisiva y pedagógica permite completar y subrayar la faceta de comunicador”, pues sigue buscándose el calificativo de pretencioso, redicho o pomposo.
Y es que la condición de comunicador no se la puede uno conceder a sí mismo caprichosamente, sino que tiene que otorgarse o rechazarse por quien reciba el mensaje: si se le comunica algo o se queda frío como receptor. Uno no puede decir que sea guapo, per se, sino que es visto así por los demás. Y es que la comunicación o la guapura es una cuestión que tiene que dilucidar una parte del proceso comunicativo, precisamente la que recibe la señal y no quien la emite. Es verdad que el emisor puede hacer todo lo posible para que esa comunicación sea perfecta y lo que quiere que se reciba es lo que percibe el receptor. Pero es éste el juez de la contienda comunicativa.
Por otra parte, hay currículos curiosos. Lo que alguien puede pensar que es un mérito relevante, a otros puede parecerle simplemente una casualidad, o un hecho absolutamente menor y secundario. Hay un periodista en concreto que estima digno de resaltar que fue el primer periodista que llegó al atentado terrorista de la plaza de la República Dominicana (¡!). O que fue el primer periodista español que informó en directo de la muerte del Papa (¡¡!!). O que su estilo mereció una imitación en el programa Homo zapping (¡¡¡!!!).
En fin, se demuestra que hay gente que está encantada de conocerse y que, para autoafirmarse, tiene que echarse él solito a sí mismo y en su mismidad todas las flores del mundo. Aunque sólo sean geranios comunes y corrientes. Pues que disfruten. Enhorabuena, colegas.


#1 by Corpi on 27/Noviembre/2009 - 23:58
Fíjese si se parecen los periodistas, que hasta en diferentes periódicos hacen las mismas editoriales.