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Seres humanos sin caparazón

Por su interés, reproduzco íntegramente el artículo de Santiago Alba Rico, Arrancar los caparazones a las tortugas:

Juguemos, por ejemplo, a inventar nuevas especies. Inventemos tortugas sin caparazón, mariposas sin alas, luciérnagas sin luz, seres humanos sin techo. La ciencia podría intentar esta hazaña genética y, entre tanto, dejar la tarea en manos de los bancos, los gobiernos y la policía: la combinación de una orden judicial y un poco de mano dura podría poner en marcha una operación que peinara bosques y montes y arrancara los caparazones a las tortugas, las alas a las mariposas, los farolillos a las luciérnagas. ¿No nos parece una idea atroz? Pero lo cierto es que con los seres humanos ya se hace. Hace unos días a una anciana de 85 años, Carmen Martínez, le arrancaron el alma, con armarios y todo, el caparazón, las alas, la luz, y la dejaron en la calle convertida en carne cruda. En 2012 hubo -así los llaman- 517 desahucios al día. Sólo en el primer trimestre de 2013 19.500. En los tres primeros meses de este año 2014 eran ya 26.500 familias las que habían sido obligadas a entregar su humanidad a la banca, en virtud de lo que de manera muy elocuente se denomina una “ejecución hipotecaria”. José Miguel, Amaia, Francisco, Inocencia, Victoria y otros muchos, mutilados de puertas y ventanas, mancos de techo, se quitaron además la vida.Digamos la verdad. Una tortuga sin caparazón deja de ser una tortuga. Una mariposa sin alas deja de ser una mariposa. Una luciérnaga sin luz deja de ser una luciérnaga. Los humanos no tenemos ni caparazón ni alas ni luz propia: tenemos derechos. Y privar de sus derechos a un ser humano es como privar a un vertebrado de sus huesos. Tenemos los huesos fuera: se llaman escuela, hospital, mesa, techo. Se llaman Parlamento, tribunal, leyes, techo.

Pero digamos la verdad. En este mundo es más fácil y menos escandaloso arrancar el caparazón a una anciana que a una tortuga. En este mundo es más grave arrancar las alas a una mariposa que los derechos a una madre o a un jubilado. Nuestros derechos no se imponen solos, como se impone la tortuguidad de una tortuga o la mariposidad de una mariposa. Nuestra humanidad está fuera, a merced de los bancos y los gobiernos, y por eso sólo podemos defenderla -la humanidad humana, nuestro caparazón, nuestras alas y nuestra luz- transformando la economía, la política y las leyes. Esa tarea es la más urgente; esa tarea común es ya -urgencia del vertebrado hacia los huesos- la afirmación de la tortuga, la mariposa y la luciérnaga que llevamos dentro. Esa tarea es – si se quiere- nuestro humano techo colectivo.

El antiguo régimen

megustaPor su interés, reproduzco unos pocos párrafos del artículo escrito por Carlos Sánchez  en El Confidencial (Los lacayos de la duquesa), a propósito de la extinta duquesa de Alba:

“Es evidente que doña Cayetana no es la responsable de las tropelías de su padre ni de su estirpe, pero ocultar lo que ha significado la Casa de Alba para este país como se ha hecho en los últimos días, refleja el desprecio por la historia, lo que hace que España caiga una y otra vez en los mismos vicios. Las recesiones y los elevados niveles de desempleo no caen del cielo, son fruto de errores cometidos en el pasado.”

“Y ver ovacionando a miles de ciudadanos con lágrimas en los ojos a la insigne representante de una rancia aristocracia sólo puede repeler en el siglo XXI. Sobre todo cuando esas muestras de dolor se hacen desde una de las regiones más pobres del país, con altísimos niveles de paro a causa de su secular atraso económico.”

“Debido, precisamente, al poder de esas manos muertas que denunciaban hace más de un siglo los regeneracionistas. Ya decía hace algún tiempo el expresidente extremeño Rodríguez Ibarra, con razón, que cuando un señorito invitaba a los pobres a una fiesta flamenca era para dar palmas.”

“Da todavía más náuseas escuchar, o leer, a un exalcalde sevillano, que se dice socialista, retratando a doña Cayetana como ‘machadiana’, cuando el bueno de don Antonio –que murió sólo y pobre en el exilio de Colliure abrigado por el mismo gabán de toda la vida– representaba justamente lo contrario que la Casa de Alba: la humildad.”

“Y hablando de Machado, no estará de más recordar que en una ocasión Churchill, siendo Jacobo Fitz-James Stuart embajador español en Londres en los años más negros del franquismo (era pariente muy lejano del premier británico) le recomendó que Franco diera una amnistía para aquellos que había perdido la guerra y que literalmente se morían de hambre (no eran los dirigentes políticos). El duque le contestó que no podían dejarse impunes 400.000 crímenes. Todo un gesto de magnanimidad para un hombre de tan alta alcurnia.”

La herida penitente

Carne de toro (un soneto contra el maltrato del Toro de la Vega, de Emilio Silva, leído aquí. #NoAlToroDeLaVega)

Carne de toro rota, desterrada,
de su piel sin dolor, de su alegría,
que revienta salvaje una jauría
que celebra el terror de una estocada.

Carne que siente, carne conquistada,
por la fuerza brutal con que agredía,
una gleba mortal que perseguía,
el sentir superior de su manada.

No queda humanidad en ese canto
que celebra la herida penitente
de la lanza certera del espanto.

Sufrir para nacer es suficiente,
paliar el padecer, truncar el llanto,
y no morir vejado lentamente.