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#Me gustó

Con frecuencia me hago eco, con forma de hemeroteca, de textos que he leído por ahí y que me parecen interesantes para compartir con quienes frecuentan este blog. Yo mismo, en muchas de mis reflexiones, acudo a lo que dicen otras personas que tienen para mí alguna autoridad para pronunciarse sobre lo que escriben. Y también, de vez en cuando, hago referencia a lo que han escrito otros blogueros. En esta línea, voy a iniciar una sección, con ánimo de continuidad, en la que pondré alguna frase, párrafo o idea que haya leído en la Red y que me haya gustado o desagradado especialmente. Una cosa cortita, una breve cita. Como siempre, pondré el enlace de dónde copio y pego. Esta es la primera mención:

megusta“Yo soy ateo. No agnóstico. Ateo. O sea, que estoy convencido de que los curas se pasan la vida creyendo en una mentira. Creo, además, que toda mentira es dañina. Y de sobremesa en sobremesa exhibo con arrogancia mi materialismo. Pero la coquetería me dura hasta el preciso instante en que me entero de que un misionero se ha dejado la vida en Liberia por limpiarle las pústulas a unos negros moribundos. Entonces me faltan huevos para seguir impartiendo lecciones morales. Principalmente por lo aplastante del argumento geográfico. Él estaba allí con su mentira y yo aquí con mi racionalismo.” (Rafael Latorre, La mentira del padre Miguel Pajares)

En la lengua de Cervantes

praisMe llega esto por el correo y, tal cual, lo copio y pego:

Juan Gómez Pérez, consultor de “Prais Guaterjáus an Cúper”(P.G.A.C.), fue detenido ayer en las oficinas de esta empresa por «desafiar a los directivos, al utilizar en repetidas ocasiones un correctísimo español en su labor profesional», según consta en la denuncia presentada en la comisaría madrileña de la calle de la Luna.

El detenido, según los testigos, habría provocado diversas escenas de terror lingüístico entre sus compañeros. Los problemas comenzaron en abril, cuando Gómez Pérez llegó a la empresa e insistió en poner ‘Jefe de Producto’ en su tarjeta de visita, en lugar del ‘Product Manager’ que aparecía en las de sus compañeros.

«Desde el primer día nos extrañó su actitud», comentó Francisco de Borja Acebo-Guindaleda y Álvarez de Las Asturias, Account Manager (director de cuentas) de PGAC, pero nunca creímos que fuera a reaccionar con la violencia verbal con que se despachó después».

Un mes más tarde, durante la presentación del catálogo comercial, Gómez Pérez proyectó sobre una pantalla varias láminas que mostraban rótulos escritos en un perfecto castellano, mientras comentaba en voz alta los gráficos y cifras de la empresa en un discurso totalmente desprovisto de anglicismos.

Ante los ojos de sus compañeros -«horrorizados», según su propio testimonio- desfilaron varias decenas de frases escritas en la lengua de Cervantes sin que el consultor mostrara ningún pudor o vergüenza por lo que estaba haciendo. «El catálogo de la empresa había sido traducido y, por lo tanto, manipulado», aseguró el Managing Director (director general), Juan Jacobo O´Callaghan García-Carrizosa de Fontejudo: «Este sujeto había sustituido todos los ‘markets’, ‘targets’, ‘inputs’, ‘slides’ y ‘sponsors’… por mercados, objetivos, entradas, diapositivas y patrocinadores y otros varios que fueron apareciendo.

«El resultado fue que no entendíamos nada de la presentación, provocando el desconcierto general». Además, y según consta en la denuncia, el detenido habría cambiado las palabras ‘outsourcing’, ‘finances’ y ‘transactions’ por subcontratas, finanzas y transacciones. «Y se había quedado tan ancho; hasta ahí podríamos llegar», comentó indignado el responsable de PGC.

Gómez Pérez no pudo terminar su presentación, pues fue reducido por dos compañeros de la empresa -el Phone&Door Manager (recepcionista) y el Security Surveillance Officer (vigilante jurado)- y maniatado hasta la llegada de la policía municipal, que puso al consultor a disposición judicial. «Lo ha hecho para provocar», comentaba ayer Ramón María Antúnez de Biedma y Fernández-Malvarrosa, consultor de PGC, refiriéndose a la actitud de Gómez Pérez.

«¿Quién se cree que es?, ¿un Vicepresident (subdirector)? No se puede ser tan hortera.», concluyó el Manager’s Ball (pelota del director). Debe tratarse de un morning-singer de three to the quarter.

Las cosas, por su nombre

Por vía de eldiario.es me entero de la existencia de un periodista de la Voz de Galicia, Nacho Mirás, que desde que hace un año le diagnosticaron cáncer viene escribiendo en su blog sobre sus relaciones con esta enfermedad. Leyendo sus posts pienso varias cosas. Una, lo endiabladamente bien que escribe este bloguero. Dos, el sentido del humor y la maravillosa entereza que tiene para enfrentarse a ese bicho, al que mucha gente no nombra directamente (o meu fillo ten petate, dice su padre). Y tres, si la vida es un camino más o menos largo de preparación para su envés que es la muerte, qué mal lo hacemos la mayoría que ni nos preparamos, ni sabemos cómo afrontar los reveses con que nos topamos, ni a nadie le interesa lo más mínimo enseñarnos algo sobre el particular. En la vida y en la muerte tenemos que apañárnoslas como buenamente sepamos. O sea, mal. Aunque quizás sea eso la condición humana: un ejercicio autodidacta. Añado a mis favoritos el blog de Nacho, un tipo genial. Se llama Rabudo y, como dice un colega suyo, esa es una palabra gallega “que describe a los niños que no se conforman fácilmente, que se resisten ante lo establecido, que no se pliegan ante lo cotidiano. Rabudo es aquel que lucha, se rebela, resiste, aguanta, avanza, sufre, desafía”. Aquí les dejo una parrafada del magnífico texto que escribió Nacho cuando supo a lo que tendría que enfrentarse, En capilla (y un poco acojonado), acompañado de una versión de las Palabras para Julia de Goytisolo que hacen Los Suaves y que el propio Mirás publica un año después en su blog. Salud, compañero.

“Hace casi tres años, un estafilococo aureus y yo echamos un pulso. Él era pequeñito y paticorto, un alfeñique, un mierda. Era un David microscópico y yo un Goliat de noventa kilos con una espalda de estibador. Y el cabrón casi me poda. Había ingresado en el hospital para una intervención que, en teoría, tenía un posoperatorio sencillo: tres días y a casa. Pero Murphy me estaba esperando. Hoy tengo muy claro que no hay operación menor; basta con leerse el consentimiento informado del paciente. Que a los estafilococos los carga el diablo, su puta madre o vaya usted a saber. Y que una vez que alguien mete sus manos en tus orificios, y si la maniobra no forma parte de un juego sexual consentido, por muy lavadas que las tenga te estás jugando la liga a un solo partido. De la nefrolitotomía percutánea casi ni me acuerdo. Pero al aureus colateral, que casi me barre, no he podido olvidarlo. Diría que sigue presente en mis oraciones, pero no soy yo de rezar, ni siquiera por causa de fuerza mayor. Esa labor se la subcontrato a la tía Marisol, que tiene línea directa con Dios. Durante diecisiete días, la bacteria me sometió. Herví de fiebre a 41 grados y subiendo. Llegué a creer que de aquel hospital solo saldría con una esquela pagada por La Voz de Galicia, una coral de plañideras y una etiqueta en el dedo gordo del pie, facturado hacia la porra. Y un ejército de gaiteiros tocando a dos voces en el cementerio de San Pedro de Sárdoma una marcha procesional. Mirás y no volverás.”

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Déspotas ilustrados

Excelente artículo de Cive Pérez (No he de callar por más que con el dedo) sobre las intenciones gubernamentales de legislar en materia de orden público. Estas gentes de orden, que indican con su denominación la redundancia de preferir la injusticia al desorden, pretenden convencernos de que limitando las libertades de expresión, manifestación, reunión, huelga y otras minucias, van a salvar al país y lo que en realidad buscan es salvar su propio culo de la patada que le atizaría la ciudadanía harta de todas sus trapacerías, mentiras e iniquidades. Un extracto del articulista de Carnet de paro:

“Habida cuenta de que se nos enseña a pensar en términos económicos y no políticos, podría ser que alguien razonara de la siguiente manera: si por hacer una foto de un policía zurrando al personal me cae una multa de 600.000 euros y recurrirla cuesta 2.000 euros, mejor le atizo una pedrá que lo crujo, lo que deja de ser falta administrativa y constituye un delito. Por el que me detienen y me juzgan sin que me cueste un céntimo. En el peor de los casos, me encierran algunos años en la cárcel, estancia que reduzco realizando estudios, y al salir de la trena me pagan el subsidio de 426 € estipulado para los egresados de prisión.”